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Cultura

Las ferias de arte independiente en la “nueva normalidad”

Barcú y la Feria del Millón se la jugarán en octubre por un modelo volcado hacia lo digital, con el que esperan seguir reactivando el mercado del arte en Colombia. Sus directores nos contaron sobre su proceso de adaptación y su lectura del momento actual para las artes y los artistas del país.

Felipe Sánchez Villarreal
10 Sep 2020 3:04:04 PM

Volvamos un año atrás: a finales de septiembre de 2019. El tradicional mes de las artes de Bogotá (que solía ser octubre) se adelanta para engranar una programación inabarcable, robusta e inédita de ferias, circuitos de exposición y acciones públicas de un año excepcional para la investigación y circulación artística de la capital. Y es que, sin esperarlo, se tensa una resplandeciente y vasta telaraña: el Salón Nacional de Artistas aterriza después de trece años en la capital para su edición 45, ARTBO | Feria celebra sus quinces con un programa ambicioso y expansivo, la Feria del Millón deja el centro Textura para ocupar —con una acogida masiva— el abandonado hospital San Juan de Dios y exporta su modelo a otras ciudades como Cali, Medellín y Barranquilla, Espacio Odeón organiza la segunda edición de su refrescante programa Intensivo y las casas de La Candelaria abren sus puertas para la sexta edición de la popular feria Barcú.

Es septiembre de 2019 y el centro de la ciudad vibra: cada dos cuadras desde el Museo de Arte Moderno de Bogotá hay al menos un nodo de esa red que volvió el centro histórico un distrito vivo de exposiciones, puestas en escena e intercambios comerciales que atrajeron un público cada vez más nutrido y diverso.

Pero regresemos al presente: septiembre de 2020. Desde marzo, y por la urgencia del distanciamiento social para evitar la propagación del COVID-19, todos los espacios de exposición cerraron sus puertas y el futuro de los eventos culturales quedó en suspenso. La reactivación de la ciudad —ahora que, celebran las autoridades, hemos pasado el primer pico de la pandemia— ha sido intempestiva y, por eso, muchos se lo han tomado con cautela: las galerías y museos vuelven a abrir tímidamente sus puertas con restricciones de aforo y exigentes protocolos de bioseguridad, y el contraste con el fulgor de ese septiembre de las artes de hace un año se siente en la frágil temperatura anímica de un sector cultural golpeado profundamente por la crisis.

A diferencia de 2019, ni septiembre ni octubre serán meses de gravitación de la ciudad en torno a las artes. Volver a prender los motores está difícil y los directores de las ferias están buscando cómo lidiar con la nueva normalidad por sus propios medios: cada uno por su lado, con las herramientas que tienen a la mano. Este año, por ejemplo, no habrá programación de Odeón Intensivo y ARTBO le apostó en agosto a un ARTBO | Fin de Semana con subastas virtuales, con las que la Cámara de Comercio de Bogotá quiso comenzar la reactivación del mercado de las artes poscuarentena. 

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Aun sin cifras claras del impacto que tendrá la pandemia sobre el sector de las artes plásticas y visuales (el Ministerio de Cultura y el IDARTES han comenzado a recavar información con encuestas al sector para dimensionarlo), las ferias comerciales independientes han decidido reinventarse para no caer en el precipicio. Recientemente, los equipos de Barcú y de la Feria del Millón confirmaron que sacarán adelante sus ferias en octubre de manera virtual, para hacerle frente a la realidad del distanciamiento y que ese mercado del arte —que para muchos galeristas y creadores depende en buena parte de estos eventos— se siga moviendo.

Canal Trece habló con Karen Schenk, socia fundadora de Barcú, y con Diego Garzón, director de la Feria del Millón, para conocer cómo ha sido su proceso de reinvención para hacerle frente a la nueva normalidad, qué apuestas liderará cada feria en octubre y su lectura del momento actual para las artes y los artistas del país.

Karen Schenk | Barcú


La de 2020 es la séptima edición de Barcú, que este año se llevará a cabo del 13 al 18 de octubre. Para adaptarse a la nueva realidad, la feria se desplegará en tres frentes: 1) Una plataforma virtual de exposiciones 3D diseñada por el artista y curador Solimán López; 2) la publicación digital ‘Avistamientos’, resultado de una investigación curatorial de Andrea Mcallister y María Adelaida Samper y 3) un componente al aire libre con pantallas que proyectarán videoarte en diferentes puntos de la ciudad: la obra ‘Sin cielo’, de la artista colombiana Clemencia Echeverri, y ‘Guided Tours’, del colombiano radicado en Holanda Raúl Marroquín.

En octubre, Barcú lanza su plataforma digital 3D diseñada por Solimán López. Cortesía Barcú.

Este año, por la emergencia sanitaria, Barcú tuvo que replantearse. ¿Cómo los cogió la crisis y cómo fue el proceso de replanteamiento de la feria?

Uno tiene que vivir con lo que está pasando, con los ritmos de este nuevo mundo. Lo principal para nosotros fue pensar cómo no parar: cómo organizar una edición de Barcú en estas condiciones. Tuvimos que empezar desde cero. Eso incluyó aprender incluso sobre estas nuevas formas de comunicarnos, porque yo ni siquiera sabía qué era Zoom. Lo primero fue buscar inspiraciones: este era nuestro séptimo año, entonces pensamos en los sietes, en la séptima ola. Nos inspiramos en las olas del mar, en esa idea de que cada siete olas pasa algo inesperado, que este año fue una crisis mundial como ninguna en el mundo contemporáneo. 

De ahí pensamos en la idea del contagio: si la gente se está contagiando, contagiémosla de cosas bonitas, contagiémosla de arte, de cultura. Todo eso empezó a generar un horizonte de comunicación de la feria. De ahí vino la conceptualización y la gran pregunta de si íbamos o no a ser presenciales, pero cuando esto se creció supimos que teníamos que volvernos digitales. Nosotros habíamos incursionado muy poco en la virtualidad, pero de la mano de Solimán López —que había sido uno de nuestros artistas invitados el año pasado— nos metimos a planear una feria totalmente digital, a pesar de que en principio no teníamos las herramientas. Ese ha sido el gran desafío: la necesidad de hacer una feria digital.

¿Qué retos ha implicado la planeación de una feria digital? ¿Creen que sí logrará suplir el circuito presencial al que estaban acostumbrados?

No es fácil enseñarle a la gente hábitos nuevos y no fue fácil enseñarnos a nosotros mismos. Lo que hicimos con Barcú fue un reseteo. Al principio, la imagen que tuvimos fue esa de cuando sale un televisor que se está reconfigurando. Pero creo que todo se aprende. Cuando empezó la feria, queríamos enseñarle a nuestro público que el arte es para todos, que no tienes que saber tanto, que simplemente puedes dejarte llevar por los sentimientos que te puedan generar la música o las artes plásticas. Eso mismo va a pasar con esta virtualidad.

Yo soy optimista de lo que trae lo digital en términos de apoyar el talento y mostrarlo alrededor del mundo. Compradores y espectadores que antes no podían ir a la feria porque, por ejemplo, estaban en París o en Nueva York, ahora van a poder ver la oferta de artistas y galerías que ofreceremos desde cualquier ciudad. Tengo la esperanza de que ese recorrido virtual que estamos construyendo de Bogotá y La Candelaria, ese circuito digital de galerías nacionales e internacionales que vamos a mostrar en internet, puede traer mucha más asistencia y llegarle a mucha más gente.

Sin embargo, siento que la gente está saturada de lo virtual y ese es otro desafío. Ya los espectadores están cansados de hablar por acá: en Colombia somos muy de la vida presencial, de estar con los amigos, de salir. Nuestro reto es cómo no perder ese interés que despierta la parte análoga en la incursión a lo digital, cómo no volvernos aburridos y no presentar lo mismo que todos. Desde ahí construimos la propuesta de este año.

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El circuito de casas en La Candelaria en los que sucedía la feria era parte del encanto diferencial de Barcú y la feria era importante en ese circuito de reactivación cultural del Centro de Bogotá. ¿Cómo será ese diálogo con el barrio en estas condiciones?

Barcú ha sido fundamental para La Candelaria porque estimula el comercio, el orgullo de la gente, la apropiación del barrio. Durante la feria la gente ponía su casa bonita, la pintaba, contaba las historias de sus calles. Estamos trabajando fuertemente para no perder esa Candelaria, para no perder nuestra presencia en esas casas, para no perder nuestra historia. Lo hemos hecho desde el principio y este año seguirá siendo igual pero en lo digital con las veinte galerías de la feria.

En el recorrido virtual vamos a volar por el barrio, haremos recorridos en galerías virtuales por las casas, habrá minieventos e integraremos a la gente del barrio a esta nueva realidad. Nosotros ganamos un espacio en ese territorio y la misma gente del territorio nos dice: “No se vayan de acá, traigan gente”. Aunque no lo hagamos presencial, seguiremos contando esas historias para que cuando la gente de afuera venga a Bogotá sepa que están esos sitios, que puede ir a esos restaurantes y a esos comercios.

Desde lo que ha podido evaluar organizando la feria, ¿cómo percibe que ha incidido la pandemia en las propuestas que están desarrollando los artistas?

Los momentos críticos hacen que la gente explore más allá de lo que venía explorando cómodamente o de aquello que se le daba fácil. Estos seis meses de cambio en nuestras vidas nos han hecho cuestionarnos muchísimo y para los artistas esos cuestionamientos hacen surgir unas cosas increíbles y unas reflexiones muy buenas. Las ferias van a ser un gran reflejo de esas preguntas y esos cuestionamientos. En nuestro caso, a través de nuestra plataforma Spotlights, tenemos a siete curadores buscando talentos en diferentes regiones. Esos artistas van a ser un testimonio de, por ejemplo, cómo se siente este dolor en una comunidad indígena o en la costa Caribe. Va a ser interesante ver en sus obras esa expresión de lo que ha sido para cada uno esta emergencia.

Por otro lado, pensamos que la feria es un buen momento para llevar eso al espacio público, bajo las condiciones que podemos. Una de las invitadas nacionales más importantes es Clemencia Echeverri. Con ella vamos a tener unas instalaciones en video en diferentes partes de Bogotá —en el Movistar Arena, por ejemplo—. Tenemos también artistas internacionales con quienes vamos a hacer instalaciones en el espacio público. Nuestra idea también es que si la gente va pasando pueda ver estas instalaciones, apropiarse un poco del arte y de la cultura. Con ese componente y con artistas como Clemencia, que hacen obras que no son solo para las élites ni para los que saben, haremos énfasis en que, aún más en momentos de crisis, el arte es para todos.

'Sin cielo', de Clemencia Echeverri. Cortesía Barcú.

¿Cree que los apoyos del gobierno al sector cultural y artístico ha hecho suficientes para mitigar el impacto del virus para el sector de las artes? 

No veo claros esos apoyos. Se supone que uno puede acceder a ellos, pero no se sienten. Y aunque algunos sí llegan, es lo poquito que les sobra. La prioridad en los gobiernos nunca ha sido el arte ni la cultura. Y no solo eso: hay que entender que esto también tiene que ver con la educación, porque en este sector es fundamental educar públicos. Hay que apoyar procesos educativos en arte y música que enseñen que si te acercas a tu contexto desde las emociones, desde los sentimientos, tú cambias y tu contexto cambia. El arte genera esperanza y alegría, pero eso requiere un apoyo que por ahora no veo muy claro. 

En nuestro caso, cada cosa que hemos hecho ha sido muy trabajada. El año pasado llevamos a cincuenta personas a Glastonbury, Inglaterra. Todo fue rebuscado: alguien ayudó con tiquetes, otros con gorras, y así. La apuesta de Barcú es principalmente apoyar y mostrar el talento. Hay carreras de artistas que se han escalado de manera impresionante después de haber pasado por aquí. Barcú es una plataforma para que los artistas brillen y lo estamos haciendo con lo que podemos, buscando también apoyarlos económicamente, llevarlos a otras ferias, hacer intercambios o residencias. Con esfuerzo lo hemos venido haciendo a pequeña escala. Pero me parece muy triste, porque nuestro talento es muy grande y el valor que se le da desde las instituciones es muy pequeño. 

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Los creadores han sido un eslabón muy afectado y para muchos artistas ferias como Barcú eran su seguro económico. ¿El modelo online será suficiente para hacer contrapeso a la crisis?

Yo veo algo bueno y es que darse a conocer en el circuito del arte es muy efectivo por medio de lo digital. El mercado se mueve mucho a través de este tipo de plataformas de comunicaciones. Antes era mucho más difícil conectar a los artistas con los compradores, pero con internet se puede llegar al consumidor final en un instante: al artista lo pueden contactar desde cualquier ciudad, lo llaman o le escriben, le piden una obra y llega a la casa del comprador en cinco días. 

Aunque esto es una gran ventaja, me parece importante que les demos una guía a los artistas de cómo hacerlo. Muchos no tienen en la cabeza la comunicación y la comercialización de su arte y esa es parte de nuestra labor como feria. Si tú vas a vender una pizza, tienes que tomarle una foto en la que se vea apetitosa. Nosotros ayudamos a que los artistas sepan cómo presentar su trabajo, cómo mostrarse frente a un comprador, cómo organizar su material para que la gente efectivamente quiera comprarlo. Esa es nuestra labor: conectar al artista con el público.

¿Qué mensaje les enviaría desde Barcú a las instituciones estatales para que dimensionen lo importante que es la producción artística para el país? 

Las autoridades y los gobiernos deben plantearse mejor hacia dónde quieren ir en materia de cultura. Siento que muchas veces no hay planeación y que los recursos se desperdician en lo que no es. Uno se pregunta adónde se va el dinero que debería ir, por ejemplo, a la formación, a la creación o al apoyo de los creadores. Debería haber un replanteamiento no solo de cuántos recursos se invierten en las artes, sino de las ideas con las que se decide dónde invertir estos recursos. Si no empiezas a ver desde dónde vienen las necesidades y dolores de las personas, no vas a saber hacia dónde las puedes ayudar a crecer. Esa desconexión es un tema de base que impide que el sector florezca. 

Diego Garzón | Feria del Millón


La Feria de Millón, una plataforma comercial clave para artistas jóvenes, se celebrará del 9 al 18 de octubre a través de una plataforma digital que reconstruirá las calles del recientemente inaugurado Bronx Distrito Creativo. Allí estarán disponibles las obras de los artistas seleccionados en su convocatoria de agosto. Esa página albergará también las obras de Voltaje, el salón de arte y tecnología que organizan en alianza con la Universidad de los Andes.

Fotografía por Laurette Ardila (@subrepticia). Cortesía Feria del Millón.

Con la pandemia y la necesidad del distanciamiento social, a las ferias les tocó replantearse. ¿Cómo los cogió esta nueva realidad y qué estrategias han implementado para sostener la feria?

La pandemia nos cogió a todos por sorpresa y, con la incertidumbre que vivimos en los últimos seis meses y la poca claridad que hubo al principio sobre las medidas del Gobierno y de la Alcaldía, era muy incierto ponernos a organizar un evento físico, así que en mayo tomamos la decisión de hacer la feria virtual. Lejos de ser una mala noticia, nos hemos dado cuenta de que esto tiene un potencial muy grande. Estamos muy emocionados, tenemos mucha expectativa.

Los lugares en los que sucedía la feria eran fundamentales: Textura y el año pasado la incursión en el San Juan de Dios. ¿De qué manera piensa que incidirá en la feria su no presencialidad?

Ahí hay un punto muy importante. Este año no queremos perder esa línea: queremos mantener las locaciones inesperadas para el público. Por eso, desde la virtualidad, la feria va a transcurrir en el Bronx Distrito Creativo de Bogotá. Desde la administración pasada se recuperó ese espacio público y está en proyecto de destinarse para proyectos culturales y locales de economía cultural. La audiencia va a encontrarse con esa nueva experiencia en nuestra plataforma digital, para que, como Textura o el San Juan de Dios, esa locación haga parte de la coherencia que hemos construido de llevar la feria a un lugar original. Lo fácil hubiera sido colgar las obras en la página web, que la gente entrara y comprara, pero quisimos ambientar el recorrido web por el Bronx, con los edificios reales, que la gente pueda conocer ese proyecto y, en ese circuito, poder comprar las obras de la Feria del Millón.

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Los creadores jóvenes han sido un eslabón muy afectado y para muchos artistas emergentes la Feria del Millón era su seguro económico. ¿Creen que con la venta online será suficiente para apoyar a los creadores que han quedado contra las cuerdas en materia económica?

Como en todo, hay un alto rango de incertidumbre. Cuando decidimos llevar esto adelante en digital nos preguntamos eso: ¿se va a vender igual o menos que el año pasado? No tenemos un punto de comparación, pero hace un mes lanzamos un experimento piloto para medir el impacto: un fin de semana hicimos un catálogo de artistas que habían sido representativos de la Feria del Millón y se lo enviamos a unos compradores clave. El ejercicio era muy sencillo, porque era un PDF con las obras y se vendió muchísimo. Las ventas estuvieron bastante bien y nos dejaron muy motivados.

Ahí hay varias situaciones que van a influir para bien. Uno, que la gente sigue en la casa. Por más que estén abriendo las ciudades, la gente sigue guardada; algunos viven ahora en su finca o están en su casa de campo. Dos, que esas casas se están volviendo casi que oficinas de paso, el colegio de los niños, el lugar donde todo sucede, y eso ha llevado a que la gente piense en redecorarlas. La gente piensa ahora en poner un cuadro, en comprar arte. Incluso gente que antes no le ponía atención a eso. Y tres, que estar encerrados hace que la gente esté mucho más pegada a sus computadores, a sus teléfonos y esté más pendiente de la oferta cultural en digital. Ahora los museos y conciertos se pueden ver desde la casa y esto juega a favor de ferias como la nuestra, porque la gente ahora usa mucho más la tecnología para buscar cultura. Por más que sigan abriendo la ciudad, de aquí a un mes la gente va a seguir concentrada en sus casas y, en mi especulación, creo que eso va a ayudar a que la feria funcione.

Fotografía por Laurette Ardila (@subrepticia). Cortesía Feria del Millón.

¿Cómo va a funcionar Voltaje, el salón de arte y tecnología, en este nuevo contexto?

Voltaje va estar alojada en nuestra página web: la gente va a poder recorrerla como recorre la feria online. Puede hacer clic, hacer zoom, ver las obras con calma dentro de este recorrido virtual. Este va a ser un hábitat mucho más natural para un programa de arte y tecnología. En este encierro los artistas han recurrido mucho a la tecnología, la gente hace cada vez más video, intervenciones de fotografía, mapping. Ahora cualquier persona de cualquier lugar del mundo va a poder estar cerca de esos procesos en los que la tecnología es la herramienta principal.

¿Hay articulación con las demás ferias este año? 

Las ferias alternativas tenemos una comunicación fluida, así al final no haya mucho trabajo en común. Pero sí hay una solidaridad, porque a todas nos toca guerreárnosla. Por ejemplo, con Barcú intercambiamos ideas y vemos cómo nos apoyamos mutuamente, así al final cada uno tenga su propio camino. ARTBO anda por su lado y a nosotros nos toca defendernos por el nuestro.

¿Cree que los apoyos del gobierno al sector cultural y artístico ha hecho suficientes para mitigar el impacto del virus para el sector de las artes? 

Nosotros no hemos realmente buscado esos beneficios. Pero tenemos la satisfacción de estar trabajando con la Alcaldía de Bogotá, que ha sido una aliada clave para nuestra apuesta con el Bronx. 

¿Cómo puede ayudar una plataforma como la Feria del Millón a mitigar el impacto económico del virus en el sector de las artes?

Lo que veo desde un tiempo para atrás, y más ahorita con la pandemia, es que en las facultades de arte preparan a los artistas para pensar en su obra pero no para el mercado. Creo que esa es una falencia para ellos. Desde que comenzó la Feria del Millón, algunos llegan totalmente desamparados, no entienden cómo funciona el mercado, cómo se pone un precio, cómo se vende, pero con el tiempo hemos hecho acompañamiento para explicarles a quienes no entienden bien. Creo que eso se debe a que hay una falta de formación en el mercado del arte que ahora en la pandemia se está sintiendo más. Y es que si uno estudia artes es para vivir de eso. Muchos creen que por ser comerciales dejan de ser interesantes como artistas, y eso es contradictorio: si uno quiere vivir del arte tiene que vivir del arte; si no, uno se pone a vender otra cosa y hace arte por hobby. 

Agregaría que hay que repensar el modelo tradicional de la galería, no solo por el tema de la virtualidad, sino por el tema del mercado actual. Recomendaría a los artistas que no se queden esperando: las redes sociales son una herramienta clave. Para vender ya no necesitas a un mediador, sino que tú mismo puedes mostrar tu trabajo. Si a la gente le gusta, pues ya, véndele directamente. El artista cada vez menos debe estar escondido en una guarida o depender de una galería, sino que debe exponerse él mismo, usar redes sociales. Instagram es muy bueno para eso: el artista es su propia empresa. En un tiempo de crisis como este, si uno se pone a esperar a que la galería le mueva a uno la obra, se va a pasar su cuarto de hora.


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