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Osos andinos: ¿qué se está haciendo en Colombia para su protección?

Los osos andinos son una especie carismática, pero se sabe muy poco de ellos, lo que dificulta formular planes para su conservación.

Tomás Tello
22 May 2020 10:53:53 AM

El oso andino, mejor conocido como oso de anteojos, está catalogada como una especie vulnerable según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Aunque falta mucho por conocer de la especie, se sabe que el también llamado oso frontino es un distribuidor natural de semillas. Además, es una especie sombrilla, lo cual significa que su conservación garantiza de lo otras especies de fauna y flora de los ecosistemas de páramo y bosque andino. 

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Si alguien escucha que Óscar Raigozo vive 15 días aislado del mundo, viviendo entre árboles y venados de cola blanca; atravesando, con machete en mano, amplias zonas de bosque andino y páramo en busca de rastros y señales de un animal, podría pensar que es un cazador. Pero todo lo contrario.

Raigozo es un guardaparques del Parque Nacional Natural Chingaza, donde trabaja hace 13 años, y es una de las pocas personas que sabe leer las pistas que deja el oso andino, conocido científicamente como tremarctos ornatus

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Además de ser una especie especialmente carismática, el oso andino es el símbolo de Parques Nacionales de Colombia, junto a la Palma de Cera, y también aparece en la moneda de 50 pesos colombianos, pero su distribución alcanza otros cinco cinco países: Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y hasta el norte de Argentina. O sea, toda la Cordillera de los Andes.

Esto se sabe gracias al trabajo de personas como Raigozo quienes, básicamente, han recorrido a pie los mismos senderos que usan estos animales buscando señales de ellos. Y es que tal vez la forma más fácil de saber si en una zona hay osos, es viendo los estragos que dejan, pues aunque son animales tímidos y elusivos, son pequeños tractores que arrasan con todo a su paso. 

Raigozo lo ha divisado, apenas, un puñado de veces. Y las recuerda todas. En alguna oportunidad, cuenta mientras regresamos de un camino hecho por el animal a la carretera de la zona Montesnegros de Chingaza, se encontró con uno de frente. Aunque estos animales son furtivos y no hay ningún registro en la historia de ataques de osos andinos a humanos, Raigozo quedó petrificado. 

“El bicho corrió y me pasó por un ladito. Pasó, porque yo no me le pude quitar”, recuerda. Es que encontrar una mole de 100 kilos y que puede medir más de dos metros en dos patas, capaz de depredar de ser necesario y cuyas garras les permiten trepar con facilidad árboles, no debe ser tranquilizador. 

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Estos son algunos datos que da Mauricio Vela, investigador de WCS Colombia y quien puede hablar horas sobre el oso andino. Es capaz de recitar de memoria su historia biológica -que es una de las ocho especies de osos que hay en todo el mundo y la única que habita en Sudamérica-; identificar las representaciones indígenas que ha tenido el animal -la comunidad u’wa en Arauca lo considera su hermano mayor-; explicar algunas de sus costumbres alimenticias -principalmente frugívoro, aunque también caza algunos animales- y describir su distribución -pueden habitar desde los 200 msnm hasta los 4.700-. 

Así lo hace en la zona de Montesnegros en Chingaza, donde estamos también con Raigozo, mientras explica cómo capturó a  Xué, un oso macho de 130 kilos, en este mismo lugar a finales de junio de 2019. Fue el primer oso capturado en un Parque Nacional

Vela lo capturó usando una trampa isnachi de color verde, para poder ponerle un collar de telemetría satelital como parte de su proyecto de investigación doctoral en ecología espacial del oso andino en el Macizo de Chingaza. “Estoy evaluando modelos de ocupación, o sea, por qué los animales ocupan un espacio o no, dadas unas variables particulares”, explica. 

Estos modelos de ocupación evalúan señales de presencia o ausencia del oso -con la ayuda del trabajo de guardaparques como Raigozo- en una zona específica. Pero Vela también se vale de cámaras trampa, dispositivos que se ubican estratégicamente en senderos de osos y se activan con movimiento. Entre la suma de señales y de evidencias fotográficas, se puede garantizar la presencia de un oso

Pero el trabajo no es nada sencillo, pues una sola cámara puede estar activa durante un año y capturar 10.000 fotos, que Vela tiene que revisar una a una. 

Su trabajo es importante porque, aunque el oso andino ha venido siendo objeto de investigación desde mitad de la década de los 80, aún falta conocer mucho sobre la especie, lo que impide generar una política pública clara para su conservación. Por ejemplo, se desconoce el número total de individuos en Chingaza, en otros parques nacionales y, desde luego, en Colombia. El Programa Nacional para la Conservación y Recuperación del Oso Andino, formulado en 2001, calcula la población de osos en Colombia entre 4.000 y 6.000 individuos.

Un dato aproximado dentro del Macizo de Chingaza es de alrededor de 60, pero estos son los osos que se han logrado identificar de una u otra manera, principalmente por sus marcas color crema y que les dan su principal apodo. Sin embargo, no todos las tienen y son completamente negros, lo que dificulta contabilizarlos.

Afortunadamente, los vientos sobre el conocimiento del oso podría estar cambiando pues, sumadas a investigaciones como la de Vela, otras entidades como el Instituto Humboldt también están tratando de conocer al animal. Específicamente, se está investigando el genoma del tremarctos ornatus, por medio del Proyecto GROW, una alianza de entidades como el Museo de Historia Natural de Londres y el Instituto Earlham.

Esta aproximación permitirá conocer no solo predecir las poblaciones de osos, sino si las hábitats donde se encuntra, están conectadas entre sí o son islas, lo que provocaría enfermedades relacionadas a la endogamia y, con el tiempo, su desaparición. 
Estas investigaciones son lentas y no es posible esperar resultados tempranos. De hecho, la investigación de Mauricio Vela necesita la información de telemetría de otros cinco osos y, teniendo en cuenta que tardó casi un año capturando a Xué, aún le queda camino. 

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Sin embargo, en Colombia ya hay esfuerzos para su conservación. Además de la declaratoria de áreas protegidas (que no abarcan todas sus hábitats), existen programas como Conservamos la Vida, de WCS con el Grupo Argos. Con este programa se han afectado los municipios de El Águila y Dagua en Valle del Cauca y en El Tambo, en Cauca, cerca al Parque Nacional Tatamá. Allí, los propietarios de finca se comprometen a permitir ceder voluntariamente parte de sus terrenos para generar corredores biológicos para la especie, a cambio de la tecnificación y la mejora de sus producciones agrícolas.

Así, 10 familias campesinas han abandonado la ganadería y, ahora, se dedican al cultivo de café. De hecho, con el acompañamiento de Conservamos la Vida, se lanzó a principios de febrero de 2020, el café de alta calidad Café Oso Andino. Pero estos esfuerzos, aunque valiosos, pueden no ser suficientes pues el Programa Nacional para la Conservación y Recuperación del Oso Andino fue formulado hasta el año 2016. Desde entonces, el país no cuenta con una política pública que vele con su conservación.

Si quieres conocer más sobre el cuidado del oso, no te pierdas este episodio de Especies.

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