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Música

Ibagué Punk: el ruido de una ciudad inquieta

El 11 de agosto se celebró en la capital de Tolima la primera edición del Festival Ibagué Punk, un capítulo importante para la historia de los punkeros de esta ciudad.

Juan Sebastián Barriga Ossa
30 Ago 2018 8:02:02 AM

Foto: Cortesía Festival Ibagué Punk

“Si no hay futuro entonces hay que hacerlo”, dice Édgar Ruíz mirándome fijamente con sus penetrantes ojos cafés. Es cerca del mediodía y no hay una sola nube sobre Ibagué.

El inclemente sol del Tolima cae con toda su fuerza en el Parque de la Música, en donde se ultiman los detalles finales del primer festival Ibagué Punk, el cual nació gracias al trabajo de varias bandas locales, el Colectivo Dixtorción RP y la Casa de la Juventud de la Alcaldía.

Flyer oficial Ibagué Punk Festival.

Édgar, a quien todo el mundo llama ‘Pipí’, luce una cresta, está feliz y a veces cuesta entenderle porque habla muy rápido. Supongo que eso se debe a que está amanecido y, en parte, a que está emocionado porque después de 16 años cantando con su banda Palabras Sobran, y después de varios meses de trabajo armando este festival, llegó el día en el que en punk de la ciudad demostrará toda su fuerza.

Ibagué es una urbe en crecimiento y desde hace unos años se ha invertido en la cultura y el arte, lo cual ha beneficiado a la inquieta juventud de la ciudad. Distintas expresiones como el grafiti, el skate, el hip hop, la música electrónica y por supuesto el punk están cogiendo fuerza en esta pequeña capital departamental.

“Esperamos al menos 500 personas”, me dice Germán Conde de la banda Valium, uno de los organizadores, la noche anterior mientras supervisaba el montaje de la tarima. La idea no solo es generar un espacio de visibilización para las bandas locales, sino también institucionalizar este festival cuya primera edición fue un capítulo importante en la historia del punk de Ibagué.   

Historia que comenzó a mediados de los 90, cuando gente que viajaba a Bogotá y Medellín empezó a traer casetes de punk a la ciudad. Eso, sumado a la curiosidad de varios jóvenes que se interesaron por algunas de las bandas reseñadas en MTV y en revistas como Metal Hammer, que generó un semillero punkero. “Aquí el punk no llegó, aquí nació”, dice  con decisión César Amézquita de la banda Desnuke, refiriéndose a que en Ibagué el punk empezó a retumbar en las calles gracias a un grupo de jóvenes rockeros que sintió un gusto peculiar por este crudo sonido.

Él pertenece a la generación de los punks de los 90, quienes comenzaron a juntarse en la Ciudadela Simón Bolívar y en el parque del centro, también bautizado como El Libertador.

Inspirados por los grupos del sello estadounidense Epitaph Records (Bad Religion, NOFX, Pennywise), las bandas del rock radical vasco (Eskorbuto, La Polla Records, Kortatu), algunos de los clásicos ingleses (Sex Pistols, GBH, The Exploited) y por supuesto Ramones, empezaron a adoptar no solo la estética; sino también la actitud punk.

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Así comenzaron a aparecer las primeras bandas de la ciudad que fueron: C.H., Grito de Insolencia, A.C.M.E y K.R.H, la cual para muchos, incluso, hace parte de las pioneras de los grupos pioneros del crust punk sudamericano.   

“Nosotros empezamos de una forma muy cruda y apenas éramos unos siete”, dice Édgar, quien cuenta que en esa época la ciudad estaba en contra de ellos.

En una urbe tan pequeña, estos personajes con sus crestas, ganchos y cadenas, amantes del ruido y la cerveza, eran algo escandaloso. Así que los juzgaban y les echaban la policía. 

Pero según Édgar, la discriminación no solo estaba en Ibagué, sino también en los mismos punks de Bogotá y Medellín. Cuenta que cuando viajaba a la capital a buscar casetes a la 19, le decían pueblerino y casposo. Cuando le pregunto si conoció la emblemática banca de la 19 de Bogotá, un puesto de embolador ubicado al lado de un poste de luz  donde los punkeros se reunían a escuchar música durante los 90, responde con orgullo: “Claro, todavía tengo las cicatrices de esa banca”.      

Una de las máximas del punk siempre ha sido la resistencia, y sin importar cualquier complicación, esos primeros punks de Ibagué siguieron firmes. Y con el tiempo un puñado se convirtió en cientos.

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El Festival Ibagué Punk comenzó a las dos de la tarde. La entrada fue una donación de dos kilos de concentrado para gato o perro, ya que otro de los objetivos era apoyar a la Fundación Funamasfa, que ayuda a perros y gatos abandonados.

En total fueron doce bandas: Paranoia Mental, Dr Kaos, Plaga Mortis, Regidos X Nadie, Berry y Los Distorsionados, Kaos Mental y Valium que representaron la nueva escuela; y Desnuke, Palabras Sobran y Zevixia, a la vieja. Además tocó Mentes Destruídas, de Manizales, y desde Bogotá una de las bandas más emblemáticas del punk colombiano: Polikarpa y sus Viciosas.

Cuando comenzó la música no había mucha gente en el parque ubicado al lado del Conservatorio de la ciudad. Aún así Édgar, César y otras dos personas bailaban alegres al compás de las primeras bandas que tocaron bajo un sol abrasador.

Los primeros comensales recorrían el parque en busca de algún ápice de sombra, mientras miraban con curiosidad a las bandas que sobre el escenario lo daban todo. Cuando se tienen ganas de tocar y de decir cosas con la música no importa ni el sol en los ojos, ni el intenso calor, ni nada.

Y al igual que todas las escenas punkeras del planeta, la escena de Ibagué se construyó así: con ganas.   

Entrado el nuevo siglo la movida empezó a crecer y nacieron nuevas bandas. En 2005, Marlon Barbosa, quien actualmente maneja la productora Garage Music Records y toca en una banda llamada Los Presidentes, montó un ensayadero/espacio de conciertos llamado Sónico.

Este era un apartamento enorme ubicado en el quinto piso de un edificio del centro de la ciudad, que tenía una terraza techada y con vitrales donde armó una tarima, consiguió equipos y empezó a organizar conciertos que costaban entre dos mil y tres mil pesos. Allí empezaron a tocar bandas como: A.C.M.E, UPS, Desnuke, Palabras Sobran, Desperdicio, 503, entre otras.

Ese apartamento se volvió un espacio de encuentro importante y, según Marlon, nunca hubo problemas porque la regla era que el que peleaba o armaba desmanes no podía volver. Y en una ciudad con espacios contados para el punk, quedar vetado era una muy mala noticia.

Pero en Ibagué se replicó un problema que se vivió en otras ciudades del país: la intolerancia entre parches. Los rayes entre punkeros, metaleros y skinheads generaron conflictos que derivaron en peleas, incluso -cuenta Marlon- hubo un asesinato por culpa de esta intolerancia sin sentido.   

Con el tiempo esos conflictos fueron quedando atrás, pero el movimiento vivió un cambio generacional y varios de los primeros punks hicieron sus carreras, armaron familias y se convirtieron en adultos. Muchos otros siguieron firmes y empezaron a motivar a la nueva generación no solo a tocar sino a formarse como personas.

“Si no hay algo, pues hágalo usted mismo”, dice Édgar, que es ingeniero civil y trabaja en grandes obras como la de La Línea.“Nosotros nos cansamos de la mentalidad del no futuro. Yo viví muy rápido, pero no morí, así que empezamos a involucrar y a decirle a los pelados:, haga música pero también estudie, fórmese, haga su propio futuro”, agrega.

Ese mensaje caló en una nueva generación, que desde hace poco más de cinco años empezó a reactivar la escena punkera de la ciudad. Según Marlon, actualmente debe haber entre 25 y 30 bandas activas; pero no hay muchos espacios en la ciudad para las conciertos.

En vista de esto se creó el Colectivo Dixtorsión RP, encabezado por Andrés Rubio de la banda Zevixia, otro de los organizadores del festival. Este colectivo se ha encargado de organizar toques y reunir a los grupos de la ciudad. Uno de los eventos del colectivo es Concierto para Delinquir, que ya lleva varias ediciones. Aparte, Andrés también montó el bar Frenexy que junto con el bar Maromas son espacios dedicados a los conciertos.

Andrés cuenta que hacer el festival fue difícil porque en un principio ellos estaban reacios a trabajar con la Alcaldía. Pero luego de pensarlo mucho concluyeron que hay una plata de la ciudadanía destinada a la cultura y que, de no usarse, se puede perder; así que decidieron darle buen uso y armar este concierto al que llegaron más de 800 personas.   

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A las seis de la tarde el Parque de la Música estaba lleno. El calor había menguado y el público bailaba feliz. En su mayoría eran jóvenes entre los 16 y los 21 años. Muchos llegaron temprano y no salieron del pogo en todo el día. En la plaza había un ambiente muy enérgico, en general a la gente se le veía alegre, cantando y bailando emocionada.

En la tarima todas las bandas sonaron bien y mostraron que en la ciudad hay un inquietud por explorar distintas formas de abordar la música.  Palabras Sobran, Desnuke y Zevixia mantienen el sonido del punk rock clásico; en cambio grupos como Paranoia Mental, Plaga Mortis y Dr Kaoz son más cercanos a la crudeza del street punk; el crust, una de las ramas más extremas y ruidosas del punk, estuvo representado por Regidos X Nadie y por Valium; e incluso hubo bandas con toques algo experimentales que iban por los lados del surf rock como Berry y Los Distorsionados.

En general el punk de Ibagué está pasando por un buen momento. Hay bandas creativas que se están formando, un público creciente ávido de ruido y se están empezando a fortalecer circuitos de conciertos conectados con otras ciudades y con colectivos como Fuerza Punk de Bogotá. Todo gestado desde la autogestión y el cooperativismo.

Pero faltan más espacios para los toques y más producción de álbumes y videos. Y si bien están creciendo las ferias, los fanzines y la expresiones que van más allá de la música, Germán opina que a veces “el enemigo del punk sigue siendo el punk”, refiriéndose a que hay gente que no respeta el trabajo que hacen las bandas y los colectivos y no miran más allá de la fiesta o el escándalo. Eso se vio durante el festival en algunos momentos en los que algunas personas se quedaron cerca al parque escuchando sin entregar el concentrado.

Pero más allá de eso, esta es una escena en ebullición que según Andrés, Édgar y Germán cada vez está más unida y sólida. Por su parte, Marlon opina que si bien hay un auge de bandas, todavía falta que las cosas se hagan de forma más profesional.

Eso no significa que la música debe ser menos cruda, agresiva y contestataria; sino que sea hecha con más detalle, cuidando la afinación, los tiempos e incluso los equipos que se usan. Y eso es algo que no es exclusivo del punk de Ibagué, sino que se necesita hacer en todas los circuitos musicales del país.

Al final de la jornada la energía estaba en su punto máximo. Polikarpa y sus Viciosas cerraron el festival frente a cientos de punkeros desenfrenados. Al ver el pogo uno notaba a una juventud con ganas de romper los viejos estereotipos de la 'ciudad musical' y alzar su voz más allá de los parámetros sociales. Al dar vueltas y lanzar golpes junto a este parche recordé lo que Édgar me había dicho más temprano: “Los punks somos los últimos románticos. Nosotros todavía creemos en la igualdad y en la solidaridad. Un punk es un objeto de conciencia”.

Y cuando uno mira a toda esa gente correr en círculos con una sonrisa y gritar al unísono: “Lucha por tu libertad”, uno sabe muy bien que el punk está vivo.

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Este viernes en 'Resonantes', no te pierdas el reportaje en video sobre el punk de Ibagué. La cita es este 31 de agosto a las 7 p.m.

       

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