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Cultura

Toulouse-Lautrec: 6 historias de carteles, alcohol y locura

Si te gusta el cartel de 'Le chat noir' o 'El Moulin Rouge', este artículo te encantará.

Redacción Canal Trece
15 Nov 2019 3:55:55 PM

Mucho se ha dicho del amor del pintor francés Henri de Toulouse-Lautrec por las prostitutas y las noches diluidas plasmadas en sus dibujos y carteles que aún hoy le roban el aliento a más de uno. Pero más allá del mito, quisimos contar esas historias que lo hacían un hombre que soñaba, deseaba y roncaba este año que se cumplen 155 años de su natalicio. 

De fémures rotos y cabeza de mapamundi

A los catorce años, Toulouse-Lautrec se rompió el fémur izquierdo al caer, y un año después, el derecho decidió emparejar a su compañero. En tiempos en los que no había yeso ni Acetaminofén, los huesos no soldaron como debían y sus piernas no crecieron más, al contrario de su tronco y cabeza que pronto adoptaron la figura de un hombre sobre un par de piernas chuecas.

Todos los caminos llevan a Montmartre

'Caballo, jinete y un perro pequeño' (1879)

Desde pequeño, Toulouse-Lautrec aprendió a pintar paisajes y caballos. Años después, se dice que huyó a París a mostrarle sus obras a René Princeteau quien lo llevó al estudio del pintor León Bonnat, en 1883; luego pasó por el estudio de Cormon donde conoció a Emile Bernard y Vicent Van Gogh, y parchó con ellos hasta que decidió instalar su propio taller en el mismo edificio en el que se encontraba Degas, en el barrio bohemio de 'la ciudad luz': Montmartre

Un buen muchacho

En el Café La Mie

Mientras la ténica de Toulouse-Lautrec se dividía entre las pinceladas impresionistas y el trazo de una silueta en movimiento, encontró en el alcohol y en las noches el paisaje perfecto para perderse y encontrar su inspiración. Dicen las malas teclas, que solía emborracharse hasta la inconsciencia durante la cual insultaba a amigos y a policías por igual y contra todos los pronósticos, aún lograba fracturarse sus pocos huesos buenos. 

Buscando una manera para hacer que olvidara sus vicios recurrentes, uno de sus amigos, Maurice Joyant, logró realizar una exposición de su obra en Londres, pero, al parecer, la sociedad era más conservadora de lo que Joyant pensaba, o simplemente no les llegó el chisme por el voceador del periódicos, y ni un alma se paseó por la galería

Sin embargo, a la muestra privada fue invitado el príncipe de Gales Eduardo VII quien se retrasó en su llegada por lo que Toulouse-Lautrec se durmió y cuando el soberano apareció, insistió en que el artista no fuera despertado. Cuando Toulouse-Lautrec salió de su sueño y le contaron lo ocurrido, simplemente dijo:  "Buen muchacho".

Modelos de primera 

"La Buveuse" ( 1888)

Ni los gemidos al ritmo de la música, ni los borrachos caídos, ni el olor a perfume barato alejaron a  Toulouse-Lautrec de los prostíbulos y clubes, al contrario, allí encontró su verdadera vida, la que quería plasmar, la que quería recordar. Y fue precisamente una de las residentes quien llamó la atención del pintor quien dijo al ver a Carmen Gaudin: "es de primera, no parece una mujerzuela. Sería genial que fuera mi modelo"y chan chan, ella aparece en cuadros como ‘Lavandera’, ‘La peliroja con blusa blanca’, ‘Una pelirroja en el jardín del señor Forest’ o ‘La planchadora Carmen Gaudin’. Después conoció a una de las musas de Edgar Degas, Renoir y Puvis de Chavannes: Suzanne Valadon a quién retrató durante dos años.

El ‘abrecaminos’ del arte

Autoretrato 1880

Aunque en casi todas sus biografías el alcohol emborracha a Toulouse-Lautrec sin pausa, hay testimonios que indican que el artista, sin importar el guayabo, llegaba puntual a su taller para vigilar la impresión de sus litografías. Su trabajo fue uno de los grandes impulsores para que los carteles y la litografía pudieran ser reconocidas como arte. 

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El hombre ‘nunca más’ y el precursor del Twitter fueron capturados viendo cancán

‘Les Almees’ (1895)

En esta pintura, Toulouse-Lautrec retrató a la artista Louise Weber, más conocida como Goulue, bailando mientras es observada el escritor Oscar Wilde, el hombre de espaldas y con el sombrero de copa en primer plano, y Félix Fénéon, un anarquista parisino que escribía duras críticas de arte en La Revue Blanche. 

Este último podría ser considerado uno de los precursores del Twitter ya que escribió 1.200 sucesos contados en apenas 140 caracteres. Algunos ejemplos son: “Un quincuagenario desconocido, enorme y además hinchado tras un mes ininterrumpido de permanencia en el agua ha sido pescado en La Frette por el señor Duquesne” o “Louis Lamarre no tenía ni trabajo ni vivienda, pero sí algún dinero. Compró en una tienda de ultramarinos de Saint-Denis un litro de petróleo y se lo bebió”.

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