Alto contraste
Música

Rexistencia: tres fechas que nos reencontraron con el ruido primordial

Colombia clama por una escena experimental robusta que no le tema a aproximarse al ruido como experiencia estética y política. Rexistencia, un buen ejercicio. Así lo vivimos.

Astrid Ávila
15 Jul 2018 6:41:41 PM

Entre otros, los orígenes de la música occidental están asociados con la búsqueda de la pureza sonora y la tendencia religiosa a la limpieza y a la perfección. Esto si hablamos de la tradición clásica, que hasta el siglo XIX incluyó instrumentos que permitieron las disonancias progresivas en las orquestas. Pero la historia de la música no hubiera sido la misma sin el compositor Luigi Russolo, un italiano que en 1913 escribió 'El arte de los ruidos', un manifiesto futurista, concebido en principio como una carta, en la que el músico le contaba al también compositor Francisco Balilla que la música estaba cambiando y que los sonidos angustiosos de la máquina reclamaban un nuevo acercamiento a la composición e instrumentación musical. En este manifiesto el futurista también anticipaba que la tecnología podría ampliar infinitamente la entonces limitada variedad tímbrica de las orquestas.

Foto: María Alejandra Villamizar - Canal Trece

John Cage tuvo visiones similares, y a partir de una expansión de los sonidos musicales en su invención del piano preparado, introdujo la idea de que la música es solo sonido y de ahí que todo el sonido sea música. Su búsqueda fue la emancipación de todos los ruidos.

Más de un siglo después de este manifiesto revolucionario y del nacimiento de Cage, las posibilidades tecnológicas de la creación musical amplían sus límites a velocidades alucinantes, y tanto el escucha desprevenido como el más especializado podrá acercarse a una buena cantidad de proyectos que se aproximan a las posibilidades infinitas del ruido.

Rexistencia, experimentación sonora.Foto: María Alejandra Villamizar - Canal Trece

Uno de estos acontecimientos tuvo lugar en Bogotá hace unas semanas. Su nombre Rexistencia, y sus organizadores un grupo de jóvenes pertenecientes a un colectivo bautizado Rubber Mind, algo así como ‘Mente de goma’. El primer evento sucedió el sábado 23 de junio en un apartamento de Galerías, donde un puñado de jóvenes empezó a congregarse desde las 4 de la tarde. Luego de algunas horas de ruido en vinilo, y ya entrada la noche, se presentó AC y DC, el grupo conformado por Andrés Vilá (el mismo de Sintetizadores para todos y que también hace parte de la banda Sabroders) y Carlos Bonil, integrante también de Mugre. Juntos llevan escribiendo un capítulo importante en la historia del ruido capitalino desde hace más de 10 años. Su contacto con un público de mente abierta y oídos fisgones, en un apartamento misterioso bañado por luces rojas, fue vertiginoso.

Rexistencia, experimentación sonora.Foto: María Alejandra Villamizar - Canal Trece

El siguiente evento fue el jueves 28 de junio con motivo de dar a conocer el recién fabricado sintetizador Iceberg, que tiene la particularidad de partir del concepto de ‘ruido afinable’. Sucedió en SAE Institute y se trató de un conversatorio entre Sebastián Montenegro, miembro de Rubber Mind, Andrés Vilá y David Sandoval y Gustavo Huertas, fundadores de empresa de parlantes Houd.

La conversación giró en torno a las motivaciones de diseñar sintetizadores, que en el caso de Vilá responde a la necesidad de la creación musical misma, sobre todo si la materia prima de esta música son los ruidos indeseados, como el feedback. Por esto el diseño y la fabricación de sintetizadores artesanales se convierten en un proceso de creación que arroja resultados únicos, y que puede variar según los intereses del que ejecuta los sonidos.

Rexistencia, experimentación sonora.Foto: María Alejandra Villamizar - Canal Trece

El cierre de Rexistencia tuvo lugar el sábado 30 de junio en una bodega inmensa ubicada en la Zona Industrial de Bogotá. Allí se reunieron colectivos como la Asociación Defensora de Animales (ADA), el restaurante vegano Mandrágora y la marca Maisson Mess. El evento de la tarde hasta las 9 de la noche fue la construcción de nueve sintetizadores en un taller ofrecido por Andrés Vilá. Simultáneamente ocurrieron una serie de charlas sobre el error, el concepto de rexistencia y la identidad, que dieron luces a los asistentes sobre la razón de ser del evento.

La noche continuó con el show en vivo de Mugre, otra de esas pequeñas-grandes instituciones fundamentales en la exploración ruidística bogotana. Un sistema de sonido Funktion One alucinante, una bodega gigantesca que guiaba a los asistentes por recovecos intervenidos y rincones luminiscentes y ese juego enigmático entre el performance y la tecnología fueron un preámbulo ideal para recibir a la electrónica experimental de Lust Attraction, artista de Medellín.

Rexistencia, experimentación sonora.

Rexistencia, experimentación sonora.

Rexistencia, experimentación sonora.

Rexistencia, experimentación sonora.Fotos: María Alejandra Villamizar - Canal Trece

Le siguieron el dueto Common Poetry, quienes armados de máscaras y un arsenal de estridencia levantaron los ánimos de otro puñado de enmascarados y de individuos con identidad indefinida, envueltos en crestas multicolores y mallas seductoras, que cedieron ante el poder de la medianoche y del baile melancólico. Finalmente Retrogade Youth -el proyecto del productor paisa Felipe Marín que fue captado hace un par de años por el sello de Delta Funktionen- dio cierre al festín hasta el amanecer.

Es emocionante acercarse a una escena electrónica experimental que tiene la particularidad de distanciarse del esnobismo de la fiesta descontrolada, y que deliberadamente se para a medio camino entre la escucha consciente y una atmósfera surreal de sensaciones alucinantes.

Rexistencia, experimentación sonora.Foto: María Alejandra Villamizar - Canal Trece

Bogotá, y ni decir el resto de ciudades de Colombia, clama por una escena experimental robusta que no le tema a aproximarse al ruido como experiencia estética y política. Existen en la ciudad pequeños recintos de culto que invitan a vivir esta experiencia, entre ellos Asilo, Matik-Matik o la Casa Rat Trap, y por eso es un golpe de oxígeno que un puñado de entusiastas de la disonancia decidan generar circuitos con el propósito de que el estruendo se amplíe a otras latitudes capitalinas.   

El ruido, anárquico, se abre camino solo, a pesar de sus detractores y de la música homogénea que escuchamos todos los días. El ruido es el reflejo natural de una ciudad que crepita y se expande a diario por nuestros oídos. Ya lo afirmó John Cage: “Hasta que muera habrá sonidos. Y estos continuarán después de mi muerte. No es necesario preocuparse por el futuro de la música”.

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