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Región

“Xatis Jiw”: Nosotros los Jiw

En abril del 2017 se editó el libro ‘Soy Jiw, este es mi legado’ y en septiembre de ese mismo año me lo regalaron en la biblioteca pública del Guaviare. Hace unos días conocí a los protagonistas del libro para, tristemente, reafirmar que todo se trataba de una tragedia anunciada.

César 'El de Tabio'
17 Oct 2018 7:00 AM

Niña de la comunidad Jiw / Foto: Jhonatán Acosta - Corresponsal Trece

Nazario Acosta es un maravilloso artista plástico indígena que está revolucionando el arte, la tradición y la manera de abrirse al mundo desde su cosmovisión y por supuesto desde su trabajo. Nazario es, en sus propias palabras, 50% curripaco y 50% puinave pero al final 100% indígena, por lo que conocerlo era uno de los objetivos de nuestro viaje al Guaviare.

La entrevista fue el martes, pero hacer las imágenes de apoyo para el programa Somos Región de Canal Trece no fue posible ese día por cuestiones del clima. “Queda para el viernes en la escuelita en donde enseño”, aseguró Nazario, y así se programó.

Comunidad Jiw / Foto: Julián Ossa - Canal Trece

El día de la grabación recogimos a Nazario frente a su casa y partimos siguiendo sus instrucciones, pero la primera fue una de las más particulares pues tenía que ver con el sitio elegido. Y es que el invierno de la época inunda casi todas las carreteras que conducen a las zonas rurales de San José del Guaviare y la mejor opción era una que no estaba en nuestros planes iniciales: el resguardo Barrancón, de los indígenas Jiw, a unos 20 kilómetros y al que fue posible llegar gracias a nuestros conductores y su arriesgado acto de sumergir las camionetas en todo lo que había a su paso.

Ahí están

'Soy Jiw, este es mi legado' es un libro de exactamente 300 páginas en donde se recopiló y transcribió, por parte de la Alcaldía de San José del Guaviare (Guaviare), el relato a una voz de varios indígenas Jiw, en donde cuentan, con un español muy básico, el origen de su etnia, sus costumbres y tradiciones y hasta los cambios de los que han sido testigos en cuanto a su territorio y su manera de relacionarse con este. El libro, sin embargo, se vuelve imposible de entender por muchos aspectos, la mayoría de forma, pero que dejan entrever lo que no tiene de fondo y lo que me encontré con la visita a Barrancón.

Libro Soy Jiw, este es mi legado
Portada del libro 'Soy Jiw, este es mi legado' / Foto: Archivo

Faltaban solo unos cientos de metros para entrar al resguardo cuando las figuras de pequeños niños desnudos se asoman en lo que parecía ser un juego o quizá un entrenamiento, pues llevan consigo arcos y flechas que apuntan a los vehículos en los que viajamos, algo que no deja de ser particular porque kilómetros atrás está una de las bases militares más grandes e importantes del Ejército Nacional y en donde funcionó, hasta 2016, la Escuela de Fuerzas Especiales. Para los niños esto puede no significar nada, pero sus padres y abuelos tuvieron que luchar por años para que el Ministerio de Defensa les devolviera las tierras que el desaparecido Incoder les había adjudicado para asentarse y según ellos la Infantería de Marina les arrebató.

Las flechas de madera continúan detrás de nosotros hasta que nos detenemos muy cerca de la pequeña maloca que sirve de escuela para Nazario. Como si fuéramos extraterrestres, los niños nos rodean y observan sin quitarnos los ojos de encima, un panorama normal pero que se torna triste cuando a los niños se suman ancianos que tan pronto notan que abrimos las puertas estiran los brazos y abren las manos para que les demos monedas, que da la sensación es la única palabra que saben pronunciar en español pues la repiten constantemente y con la vehemencia de quien no quiere darse por vencido.

Nazario enseña a los niños Jiw a dibujar / Foto: Julián Ossa - Canal Trece

Los niños se apartan, la clase, por fortuna, es más interesante que pedir dinero, pese a que la deben recibir en español pues el curripaco, el puinave y el mitúa (lengua Jiw) no son ni siquiera similares.

Ante la negativa de darles dinero nos empezamos a quedar solos facilitando el trabajo de quienes hacen las grabaciones. Por mi parte la mañana es libre y el mundo Jiw se despeja hacia mi derecha, en donde debajo de otra pequeña maloca una joven alista el fogón.

Ella

Los Jiw son el pueblo ancestral más pequeño de Colombia, 617 personas de acuerdo con el censo de 2005, y representan el 0,04% de la población indígena del país. Viven como una sola familia pese a estar distribuidos entre los departamentos de Meta, Guaviare y Putumayo, y fieles a su tradición se comunican en mitúa a menos de que sea estrictamente necesario hacerlo en otra lengua.

comunidad-indigena-guayaberos-o-jiw-colombia"Ella" / Foto: Julián Ossa - Canal Trece

Quizá por eso la joven mujer que atiza la leña no dice nada frente a mí y solo cuando un hombre que parece ser su padre se acerca, me indica que el cuchillo se quedó sin filo y me pide que le ayude porque se hace tarde para preparar el almuerzo. Sobre la mesa hay pescado, zanahoria, cebolla y tomate. “Hoy no pescamos. Estos, por ejemplo, los compramos en San José”, dijo y volvió a la olla.

Kubei (kuwei) los creo a orillas del río Guaviare y los esparció miles de kilómetros a lo largo de este para que luego Naxen (Nejeim) les enseñara todo lo que saben, sobre todo a pescar con flechas y lancetas, de manera individual y en ríos o lagunas, dependiendo de la época del año.

Pescado, alimento fundamental de la comunidad Jiw / Foto: Julián Ossa - Canal Trece

Los sueños eran fundamentales pues una mala noche era sinónimo de mala pesca. Pero sus malas noches iniciaron cuando el conflicto armado los empezó a desplazar y como consecuencia algunas de estas prácticas se fueron relegando poco a poco. Aún pescan y cazan, pero cuando la “modernidad” les alcanza prefieren comprar en el mercado, claro que este no es el caso, los pescados de hoy se compraron porque, según ella, cuando hay mucho invierno no es fácil pescar.

Sin importar cómo llegaron hasta aquí los pescados ya están en proceso de cocción y detrás del fogón hay un lavadero en el que enjabonan la palma que los mantiene vivos.

Cumare

Es tan solo una niña, pero la experiencia deja ver que tiene la suficiente fuerza para golpear los racimos de palma que tiene en la mano contra una piedra que hay sobre el piso, y al mismo tiempo le aplica el popular Jabón Rey, una combinación que -según me explica- tiene como objetivo quitarle el color verde o amarillo de la palma para dejarla completamente blanca y extenderla al sol. Lo que se haga después con la fibra de la palma cumare ha servido de sustento para los Jiw desde tiempos inmemoriales.

Foto: Jhonatán Acosta - Somos Región

Cuando la guapuchona era persona tenía el trabajo de entorchar las fibras de cumare y las convertía en bolas que le entregaba luego a las mujeres para que hicieran chinchorros, bolsos, manillas y coronas, y a los hombres para que amarraran las flechas y templaran los arcos. Sin embargo, Kubei notó que había vuelto perezoso al hombre entonces convirtió a la guapuchona en un cogollo de cumare y desde entonces hay que ir a buscar las mejores palmas, invertir largas horas en la extracción de la fibra, su lavado, secado, entorchado, tinturado de ser necesario y su posterior manipulación en la elaboración de las artesanías por las que son muy conocidos y las que han servido de sustento durante los últimos años, aunque deban mendigar para que les paguen lo justo.

Son precisamente las artesanías, y nosotros, como potenciales compradores, lo que hace que los hombres se acerquen a conversar, pero sobre todo a vender.

Tejido de red / Foto: Julián Ossa - Canal Trece

Él

Irónicamente él es el único que no tiene manillas o bolsos que ofrecer pero se acerca y me pide que lo acompañe a su casa para que le ayude a “cuadrar” la señal de televisión. Con esta excusa hace que ingrese a un lugar que no mide más de nueve metros cuadrados y en donde hay una cama, un televisor y un pequeño armario sobre el que reposa un canasto que él mismo hizo y que no duda en ofrecerme por 80 mil pesos, pero que se queda en negociación porque al mismo tiempo me pasa el control remoto para que le aumente el número de canales recibidos por su antena terrestre.

La señal TDT funciona muy bien, pero ya no hablamos de televisión porque sus ojos se van viajando al pasado cuando le pregunto por su lugar de origen.

Guayabero, Piapoco, Bisanigua, Cunimia, Mitúa o Mítiwa son algunos de los nombres con que se ha conocido a este pueblo a quien por sus características semi nómadas se le dio el nombre del lugar en el que se contactaron por primera vez, pero ellos se hacen llamar Jiw, de los que vivieron siempre en la zona rural de Mapiripán (Meta) y a quienes el enfrentamiento entre paramilitares y guerrilleros de las Farc obligaron a salir hace un poco más de 10 años.

"Él" / Foto: Jhonatan Acosta - Canal Trece

Él es de esos, de los que nacieron y crecieron entre los ríos Ariari y Guayabero, pero también es de los que para conservar su vida llegó a Barrancón, a un lugar diferente y en el que son vistos como foráneos. En este resguardo él y los más viejos extrañan pero no quieren regresar, tan solo piden un mínimo de garantías para salvar su cultura.

Su fuerza también se quedó en el pasado, y ligado a ella parece que se le quedó la valentía y casi que el orgullo porque su actitud tan solo se encarga de alimentar el círculo vicioso que nos recibió, el de niños y ancianos que se acostumbraron a pedir y nada más.

Sin final

El equipo de Somos Región acompañó a Nazario mientras llevaba a cabo esa labor titánica de enseñar a los niños que no pueden perder su identidad, y que el arte puede ser el canal de expresión perfecto para que lo logren. Yo compré dos manillas que guardé en un bolsillo y entendí porqué el libro está incompleto pese a que sirvió para completar esta historia.

Para esta comunidad no hay final así nos hayamos ido y los dejemos atrás. Se ven tristes y lejanos, pobres y olvidados, enfermos y necesitados, pero hoy en día se cree que los 617 del censo son apenas una cuarta parte y por orden de la Corte Constitucional es obligación de los gobiernos regionales de Meta y Guaviare propender su protección.

Comunidad Jiw / Foto: Julián Ossa - Canal Trece

No se rinden, aunque sus condiciones no sean las mejores y sus luchas sigan siendo desiguales. Pero ahí están porque también es su culpa, porque algunos esperan que les regalen así Naxen les haya enseñado a trabajar y tan solo esperan a que turistas, o periodistas, les demos algo por lástima. Los niños se quedan, junto a ella, viéndolo a él y siendo Jiw.

Son Jiw, no son Nükak Maku, el otro pueblo indígena a punto de desaparecer, declarado el emblema cultural del Guaviare, con el que adornan en cuadros y pinturas cada restaurante, hotel y hasta peluquerías de San José, pero a donde no los dejan ni siquiera entrar.


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