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Cultura

Andrés Ospina, una charla sobre 'Ximénez' y 'Reportera X'

Andrés Ospina, escritor bogotano, es el autor de 'Ximénez', el libro que inspiró el nacimiento de 'Reportera X' y de la cual él mismo es guionista. Mira la entrevista completa.

Lala Ocampo
08 Abr 2019 6:00 PM

Hubo un tiempo en la historia del país en la que el periodismo era un ejercicio poético; ser periodista se trataba más de contar historias, que de llenar páginas de información que nadie (¿o que todos?) creían.

En esos tiempos de mediados del siglo XX, un personaje que aprendió a mentir desde pequeño, se había convertido en un prominente periodista de la crónica roja. José Joaquín Jiménez era un hombre inquietante y enigmático, mago de la palabra, fabulador, pero sobre todo un cronista capaz de inventarse historias y personajes solo para darle el color poético que la prensa, por entonces, tanto necesitaba.

Andrés Ospina, escritor bogotano, encontró a este personaje en los anales de la historia capitalina, a finales de los años noventa. Llevado por la fascinación que le producía acercarse al pasado, de ver publicidad de época, de conocer qué estaba sucediendo en otros tiempos y ver la paradoja de la historia, Ospina se convirtió en un constante visitante de bibliotecas y hemerotecas de la ciudad. Justo allí se encontró por primera vez con Jiménez y sin proponérselo del todo, volvió a darle voz a ese personaje de las letras bogotanas.

Ospina es el escritor de un libro que desempolva la vida de ‘Ximénez’, el mismo libro que se convirtió en la inspiración de ‘Reportera X’, la serie que se estrena en Canal Trece por estos días y de la cual él también es coguionista.

Estuvimos un rato hablando con él sobre 'Ximénez', sobre ‘Reportera X’, pero también sobre los límites de la realidad y la ficción en estos tiempos.

Un 'bonus' de preguntas

Fue mucho tiempo después de haber conocido a Jiménez que decides escribir el libro, ¿cómo sucedió?

En el año 2011, yo estaba trabajando en un libro que terminó siendo un diccionario del español bogotano que se llamó ‘El Bogotálogo’ y en ese proceso yo me acerqué a prensa de época, empecé a hojear página por página; me acerqué a mucha prensa del siglo XX y empezó a aparecerse constantemente Jiménez, ese mismo personaje que yo había descubierto años atrás como si me buscara. En ese momento pensé que sería interesante indagar la vida de él porque biográficamente es muy poco lo que se sabe y su muerte fue bastante curiosa. Así que empecé a buscar parientes, seguí pistas, di muchas vueltas durante mucho tiempo hasta que finalmente di con una sobrina y ahí se me presentó como un personaje que podía ser digno de convertirse en un personaje de novela.

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¿Qué tanta ficción tiene la historia que escribiste?

Cuando comencé a escribir el libro me encontré con que había algo de información sobre Jiménez, sobre todo a partir de las cosas que él escribió, pero ahí está el primer obstáculo para el investigador de la vida de Jiménez y es que estás lidiando con un narrado y un autobiógrafo muy mentiroso entonces no sabes hasta qué grado lo que él te está contando en sus crónicas tiene algo de verdad o algo de ficción. Son eventos que documentó en su vida, o que están en la memoria familiar de sus parientes.

Sin embargo, un poco siguiendo la línea de pensamiento de él, en mi libro hay muchas ficciones, muchas fabulaciones e inventos propios, hay hechos que son históricamente desmentibles, como por ejemplo la conversación que él tuvo con un Presidente de la República pidiéndole una carta de recomendación, cuando ese presidente para ese año ya estaba muerto, o un modelo de automóvil que está transitando el Salto de Tequendama en 1946, cuando ese modelo empezó a circular como 20 años después. Existen ese tipo de guiños al lector que yo pensé que alguien iba a ver, pero nadie se ocupó de eso.

¿Todo esto responde un poco al hecho mismo de estar lidiando con un personaje que contaba cuentos más que noticias, no?, que era un poco mentiroso.

Claro que hay mentiras en mi libro y es justo por eso, 'Ximénez' fue alguien que comenzó a mentir desde muy pequeño, con su edad y esa es una de las mentiras más interesantes porque se convirtió en una mentira fundacional. Él se queda mintiendo desde muy pequeño, quitándose tres o cuatro años de vida, con un propósito concreto y creo que eso lo convence de que es mucho mejor la ficción que la verdad, porque la ficción te permite arroparte, refugiarte, esconderte, generar una coraza alrededor de ti que te ayuda a moldear el mundo como quieres que sea para evitarte lo terrible que puede llegar a ser.

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¿Qué diría José Joaquín Jiménez de tu libro?

Espero que no se haya enojado. Cuando murió ‘Ximénez’ como libro, cuando terminé de escribirlo, lo primero que hice fue visitar la tumba de él en el Cementerio Central, porque empezaba a obsesionarme y comencé a soñar con él, y soñaba que me hablaba y todas esas cosas dementes y delirantes. Entonces fui al cementerio, lugar donde fue a parar luego su muerte y le hice un tributo y le dije: “maestro, ¿cómo está usted?”, me imagino que la gente que estaba ahí debió pensar que estaba loco pero aún así le dije: “Jiménez yo acabo de hacer esta biografía sobre ti y tiene muchas mentiras, pero pues suelen decir que ‘ladrón que roba ladrón (…)’ y espero que puedas entender esto que hice con mucho respeto y con toda mi admiración por ti".

Afirmas que la prensa de mediados de siglo XX, esa en la que vivió y escribió Jiménez, representa el esplendor de la labor. ¿Qué le pasó a la prensa, qué nos pasó?

Yo creo que somos la consecuencia de la profesionalización de un oficio y también el resultado de que dicho oficio tenga que de alguna forma buscar financiación en grandes grupos económicos. A cambio de ese romanticismo que existía en tiempos de Jiménez, en que todo era mucho menos técnico, mucho menos preparado, mucho menos ilustrado, que era un periodismo mucho más de aguardiente, de agotar la suela de los zapatos haciendo recorridos por la ciudad, en este momento, tenemos redes, grandes conglomerados de comunicación, y se ha perdido mucho, y eso es triste de alguna forma. Pero la paradoja está en que lo que, en tiempos de Jiménez era considerado romántico, bonito y hasta simpático hoy sería poco ético y creo que hoy en día se está incurriendo en conductas mucho menos éticas que las de Jiménez.

¿Qué opinas de estas apuestas de la TV pública por rescatar personajes que se nos quedaron en el olvido?

Celebro la existencia de estas producciones y celebro que se financien estas producciones porque me parece que Colombia está necesitada de referentes, estamos necesitados de mirar nuestra historia, nuestros problemas, nuestros personajes entrañables. Mucho más allá de las narconovelas y de los realities, creo que la TV pública está cumpliendo a cabalidad esa misión tan importante, tener espejos donde mirarnos, tener referentes, tener íconos, tener antiejemplos y ejemplos, mirar a personajes como la 'Carmentea' o como la 'Loca Margarita' también, y tener la posibilidad de ver la región en televisión creo que es una de las misiones esenciales que tiene la TV pública.

 

 

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