Alto contraste
Música

Una charla con Mabiland: “El primer parámetro no-estético es la vida”

Una mujer que nació hace escasos 23 años en la ciudad de Quibdó y se trasladó en su adolescencia a Medellín es uno de los fenómenos actuales del ‘nuevo soul’ colombiano.

Ástrid Ávila
01 Nov 2018 10:00 AM

Con el EP Ciclos, el LP titulado “1995” y un par de videoclips, Mabiland se ha abierto a pulso un camino en la música alternativa del país. Hablamos con ella antes de su presentación en el Festival Hermoso Ruido, uno de los conciertos más memorables que se vivieron en esta edición.

¿Cómo fue tu salida Quibdó, tu llegada a la ciudad de Medellín y tu incursión en la música?

Mabiland: “Mabiland nace el 6 de diciembre de 1995 en la ciudad de Quibdó, Chocó. Allí empecé a tener una relación con la poesía antes que con la música, componiendo cosas para amigos, cancioncitas para la novia o el novio, poemas.

En el 2013 me trasladé a Medellín para estudiar en la universidad, y nos pidieron una canción para usarla en un proyecto de la Facultad de comunicación. Apropiadamente me metí en el asunto, creí que solo era escribir, yo había cantado antes pero no era mi foco.

Sacaron la canción, el proyecto terminó siendo un boom en la facultad y en la universidad, y decidieron hacer un evento masivo para lanzarlo. Lo que nunca me dijeron era que tenía que cerrar el evento.

Eran como 1000 personas y yo nunca me había montado en una tarima. La verdad no me acuerdo de qué pasó, nos tomamos unos chorritos, yo tenía como 17 o 18 años. Sé que después de ese día no fui capaz de dejar de hacer música”.

¿Dentro de cuáles inquietudes se mueve tu música?

Mabiland: “El primer parámetro no-estético de Mabiland es la vida. Para mí es muy fácil hablar de lo mío: de lo que vivo, de lo que sufro, de lo que quiero. Luego vienen las inquietudes que la misma universidad en su momento me generó: por qué y para qué estás haciendo esto, a quién se lo estás dirigiendo, qué querés ver vos en 10 años. ¿Quién es Mabiland? ¿Qué construye? ¿Qué hay en ese mundo que la gente necesita saber? Entonces está la raíz, la esencia, el asunto de meterse en el inconsciente. Eso que menciona Freud: asuma que usted es usted y que tiene cuestiones reprimidas dentro.

Lo que empecé a hacer fue trabajar en eso de darle frente, de mirarme al espejo y encontrar esos vacíos que trataba de ocultar, lo que me ha llevado a tener una figura más ruda de lo que en verdad soy como mecanismo de defensa.

Lo otro son los artistas que empecé a ver: Ella Fitzgerald, la misma Whitney Houston, Amy Winehouse, Rihanna, Basquiat. Miré la vida de todos ellos y han sido complicadas, y encontré cierta similitud. Tú empiezas a encontrar una línea muy marcada de cuál es tu estética, porque a la larga tus gustos y tus referencias te ayudan a definirla”.

Dices que compones canciones desde hace tiempo. ¿Cómo le diste forma a tu primer disco, 1995, en términos de composición?

Mabiland: “Esto no lo he dicho aún: pensé en un disco en el 2011 (yo ni siquiera había salido de Quibdó), pero no había pensado en hacerlo seriamente. En el 2012 -preadolescencia pasando a la edad seria- tenía un disco listo, que nunca salió porque llegué a Medellín y me encontré con Mabiland realmente.

Encontré el arte de una forma más agresiva, una ciudad con muchas oportunidades, ideas, amigos más raros, caos y asuntos serios de la ciudad. Cuando empiezo a vivir en Medallo las cosas para mí cambian, yo era otra persona.

Ese álbum anterior era otra persona que ya no existía. 1995 sucede porque yo hice Ciclos EP, el primer trabajo de Mabiland, y es muy hippie, pero a la vez es muy oscuro y tiene mucho odio. Para mí escucharlo hoy es una contradicción. Lo que hice fue tomar un par de temas de ahí que me gustaban, y preguntarme qué quería hacer”.

En el disco se siente una reminiscencia constante a tu vida personal. En otra entrevista afirmabas que debías ir a la raíz para conocerte. ¿Cómo esto se reflejó en el disco finalizado? ¿Qué te dijo sobre ti misma?

Mabiland: “Empecé a buscar más de mí, lloré un montón antes de escribir los temas. Pensaba: haga terapia con usted, mírese al espejo, llore, parche con sus amigos. Empezaron a aparecer las canciones. Intenté versionar algunas que ya existían, compuse otras.

Lo que hice fue armar un mapa sonoro de cómo me imaginaba que alguien que se metiera en mi cabeza me iba a entender. Empezaba con ‘Instinto fugaz’, sobre relación, sexo e intimidad. De una hay otro tema sobre amor, que es lo que creo yo que cuando tú me ves, no esperas escuchar de mí. Y creo que fue la manera más directa de entrar.

Creo que llegué a escuchar el álbum más de 100 veces en diferentes espacios: carros, montada en una moto con audífonos, todo lo hice, realmente quería entregar un pedazo de mí.

No como “voy a vender mi vida”, sino como entender que Mabiland es mi vida en este momento y que lo estoy asumiendo como tal. 1995 fue ese volver a la raíz, Quibdó, recordar la niñez, sanar con asuntos de familia.

Muchas veces la gente hace canciones y todo es feliz, o todo es despecho. Para mí fue ese proceso de llegar a la raíz, entender el Chocó, mi familia, entenderme. En 1995 es donde Mabiland se permite decirle a la gente: “esto soy””.   

En el disco hay muchos paisajes sonoros, se nota la intención de jugar con la espacialidad y los ruidos de la ciudad y sus texturas. Tú, además de música, tienes formación audiovisual. ¿Quisiste que se cruzara la música con lo cinematográfico en 1995?

Mabiland: “Yo estudio comunicación audiovisual. No sé narrar la música sin ver un video en ella. La banda estuvo allí entendiendo eso. Es como cuando tienes un equipo audiovisual: director, productor, director de foto, asistentes. Era como tener un equipo diciéndote: “con el bajo te puedo generar esto, con la batería esto”.

Fue un juego muy bonito porque era una idea muy loca. Grabamos en un espacio alterno a un estudio, en una finca con una textura sonora diferente, la acústica nos facilitó cosas y nos complicó otras, que terminaron siendo un regalo de la vida.

Yo creo que ese asunto de la imagen en la música es vital. Si tu haces música sin pensar en su imagen (no en el video, en su imagen), si en 5 minutos no puedes definir un visual de tu música para mí no tiene sentido. No puedo ver la música sin el audiovisual, ni al revés”.

¿Cómo armaste la banda?

Mabiland: “La banda básicamente han sido mis amigos desde hace 4 o 5 años. Nos conocimos accidentalmente en un evento donde le abrí a una banda que se llamaba Tierra Viva, donde ellos tocaban. Y me encantaron. Tenía una banda en ese momento pero las cosas no iban bien, no iban al ritmo que yo quería.

Siempre he sido muy rígida con Mabiland. Los vi y dije: ellos van a ser mi banda. Y en algún punto ellos también lo pensaron y lo hablaron. Pero yo estaba muy joven, a los 19 casi que nadie te toma en serio. Empezamos a parchar, a hacer música. Hasta el año pasado no tocábamos juntos. Ellos eran mi banda de lucha pero no eran mi banda en vivo.

El año pasado les planteé lo del álbum. Alexander Zapata ha sido mi productor desde que empecé a hacer música. En el primer show se fue todo el sonido a la fuck, yo seguí cantando, y la baterista siguió tocando conmigo, y el guitarrista, hasta donde pudo, tocó, y la bajista también intentó.

Tocamos 3 o 4 canciones sin sonido. Ese día yo me di cuenta de que ellos eran mi banda, mi familia. Hasta el día de hoy no me han dejado sola.

Grabamos el disco en una finca con el dinero de una beca. A todos nos cambió la vida. Encerrarse 4 o 5 días en una finca a hacer nada más que música. Repita, repita y repita. Al final escucharlo y estar así como moqueando y llorando de la emoción de lo que habíamos hecho.

La calidad, emocional y estética, de ellos también. No cualquiera entiende lo que hay en mi cabeza. Ya Álex lo hacía. Y ellas dos, Carol y Carla, se juntaron a aportar, yo creo que demasiado”.

¿Cómo fue para ti crecer en Quibdó, musicalmente hablando?

Mabiland: A mí al principio me dio muy duro que en mi tierra no me apoyaran, porque en Quibdó no apoyan músicas diferentes, de ninguna manera. Es: o reguetón o chirimía o vallenato o salsa. El estereotipo en el que les han hecho creer que hay que quedarse. A la gente es difícil mostrarle más música si se le ha enseñado que no pueden escuchar otra cosa y que alguien que escuche o haga otra cosa es raro.

Yo era la rara del parche. Cuando me fui a vivir a Medellín y entendí tantas cosas de lo que era yo y el arte, ya fui sin miedo. A mí me importa muy poquito si el de atrás se ríe. Para mí es una analogía de que usted está haciendo esto también para incomodar. Hasta el año pasado muy poquita gente sabía qué estaba haciendo Mabiland. Yo sé que si vuelvo a Quibdó ya no va a ser Mabely Largacha viviendo en Quibdó, sino Mabiland.

Vale la pena ver esa transición. Todavía no he tocado allá. Decirle a la ciudad, el día que pase: a mí no me apoyaron acá y me tocó irme. ¿Será que todo el que está allá, que no tiene la oportunidad, merece tener que salir para poder hacerlo? Es una reflexión que voy a llevar, que me importa muy poquito si les molesta.

Es triste que pase porque hay artistas del putas en el Chocó, que uno dice: ¡venga! ¿Esto por qué no sale? ¿Pero por qué tiene que salir? ¿Por qué no puede, desde allá, explotar lo suyo? Lo hizo ChocQuibTown, lo hizo Mabiland, lo hizo el Grupo Niche, lo hizo Guayacán. Zafara, que está nominada a los Grammy. Y uno dice ¿por qué tenemos que salir?”.

¿Cómo describirías ese circuito en el que Mabiland se mueve en la ciudad de Medellín y cómo dialoga con otras ciudades como Bogotá?

Mabiland: “Yo llevo 6 años haciendo música, solo que salí hasta ahorita. Todo el mundo dice “artista emergente”, y a mí me parece muy charro porque es alguien que lleva dos años o quizás tres. Ha sido complicado por ese lado porque mucha gente se niega a entender que nosotros estamos apareciendo en su mapa pero no es que realmente “aparecimos”.

En Medellín es una locura porque la escena es de panas, parceros, y hay mucha camaradería con Crudo Means Raw, con el Mañas, con varias personas que están construyendo lo suyo pero que son conscientes de que alguien más ha ido construyendo. Creo que es ese asunto de la parcería y de saber que no todo es pa’ usted, que así usted quiera acaparar todo no lo puede tener.

El asunto con Medellín es bien especial porque yo empecé mi proceso musical ganando becas, al día de hoy tengo 6 o 7 becas de diferentes años y la primera me la gané a los 18. Entonces como que los que están en esas instituciones están viendo el proceso, y le están diciendo a los jóvenes: “vea, esta pelada lo pudo hacer, hágale”.

Con Bogotá pasa una cosa bien rara y es que me cuesta mucho la ciudad por lo fuerte y lo fría que es, que me golpea, pero el amor de la gente es absurdo. Este año hemos venido 5 o 6 veces. Esta camiseta que tengo me la regaló un fan. Ha sido bien especial la relación Medellín-Bogotá y creo que va a ser especial la relación Mabiland-Colombia”.

¿Cuáles son los mayores retos que enfrenta hoy por hoy esta nueva generación de músicos?

Mabiland: “Creo que el primer reto para alguien que hace música es la disciplina, es uno de los costos más altos que no todos están dispuestos a pagar. Pero también hay un asunto de que la rosca existe en todos lados, es difícil combatirla. Yo les puedo decir, con conocimiento de causa: “si yo pude con la rosca, cualquiera de ustedes puede”. Porque lastimosamente así es.

Cuando puedes con la rosca, pareciera que ya estás ahí, pero ya es como que te lo ganaste. El asunto de la autogestión es difícil. Apenas en este momento, sobre todo en Medallo, la gente está entendiendo que lo de allá es muy chimba. Eso es lo primero, el respeto al artista local.

El asunto del artista “emergente” que lleva diez años haciendo música, eso no puede seguir pasando. Yo creo que el asunto serio acá con hacer música independiente es que no hay industria independiente, no hay escena independiente.

Tú no puedes decir que vas a ir cierto punto buscando asesoramiento para mover tu proyecto porque la escena es más bien pequeñita para lo inmensa que es la emergencia en Colombia, de personas que llevan rato tratando de lograrlo y que están a punto de decir “no más…””

En el marco del BOMM, hace algunas semanas, se planteó un espacio de “las mujeres en la industria” y otro de “las mujeres afro en la industria”. Estuviste presente, como invitada, en el segundo. ¿Qué opinas de esta división?

Mabiland: “El asunto con las mujeres en la música, y particularmente ese panel que hubo en el Bomm, es que haces un evento de mujeres en la música y no tienes el detalle de decir: al lado estamos haciendo otro sobre mujeres afro en la música. ¿Por qué no lo dicen? Porque saben que no hay ese contexto.

Tú le preguntas a alguien, en este momento, del plano independiente por artistas afro en Colombia y te mencionan, por mucho, a la Goyo, Antombo, otras cuatro o cinco, Mabiland, y ya está. Y hay un montón de gente haciendo cosas. Pero como hay esa extracción de “Mujeres en la música” y “Mujeres afro en la música”… El asunto de la mujer en la música también lo es. No se trata de equilibrar. Yo creo que también se trata de la efectividad de los proyectos musicales, en la escena, en la gente y el gusto.

Pero no es una mentira, y todos sabemos, que las mujeres en la música nos la tenemos que trabajar 3 o 4 veces más que los manes. A mí los manes raperos me dicen: “parce, vos sos una dura en medio de todos nosotros”, porque tienen esa mentalidad de que el rapero es un man.

Y cuando hay una nena que se está metiendo y que le importa un carajo si ellos quieren o no que ella esté ahí, “qué chimba”, porque ya te les estás metiendo, no les pediste permiso: te metiste. Yo sé que eso fue lo que pasó en mi caso. Y no debería ser así, deberían ser las mismas oportunidades para las mujeres, los niños, los hombres, los azules, los blancos”.

¿Has sentido los estereotipos sobre la ‘música negra’? ¿Se espera cierto tipo de música por ser afro?

Mabiland: “Para mí los estereotipos son una forma de amarre. Yo creo que hay que empezar a combatirlos pero con calidad. Cuando dejas lo tuyo ahí y empieza a hacer eco, ya estás combatiéndolo. De hecho cuando me preguntan “¿qué música haces?” Yo a veces digo de todo, a veces neo soul, a veces hip hop, jazz, jazz con cosas raras, por lo mismo.

El estereotipo de “es negra, tiene que hacer música bailable” no tiene por qué ser así. Soy negra y justamente por serlo sé que mi musica de raiz, de viaja data, es mucha, y no me tengo por qué quedar con lo que está sonando en el Pacífico.

Admiro profundamente a la gente que lo sabe hacer, pero como yo no, yo me pongo a hacer lo que sé. ¿Cómo combatir el estereotipo sin dejar de ser tú? El asunto va por ahí”.

¿Estás componiendo con miras a un nuevo proyecto?

Mabiland: “Siempre estoy componiendo. De hecho tengo un álbum de temas ‘perriables’ que algún día le voy a vender a alguien porque todo el tiempo, con la banda, estoy sacando temitas así. Pero ya hablando de Mabiland creo que ya hay un álbum listo en cuanto a letras, hay un EP que estamos trabajando.

Se viene mucha música, pero tampoco queremos sacar música porque “hay que sacar música y somos los más pros por sacar música rápido”. A mí no me importa eso. Me interesa que la música crezca en cuanto a calidad, desde mi gusto. Lo que queremos es trabajar con calma.

A mí este modo de trabajar de la industria de “venga sacamos cada mes un EP, una canción” no me interesa. Lo que quiero hacer es seguir siendo libre, rebelde con mi música. Si quiero meter un vallenato o algo en un tema, está cool porque suena bien. Posiblemente me pierda un rato y salga luego con un disco. Cualquier cosa puede pasar”.


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