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Región

“El Festival de la Tigra es una apuesta poética y política”, Edson Velandia

Colombia es una tierra pródiga en ferias y fiestas. En cada ciudad y municipio del país, al menos una vez al año, la gente se congrega alrededor de la música y la danza para celebrar la vida que resiste, o se excusan en ellas para exorcizar -o invocar- cualquier mal.

Umberto Pérez
20 Mar 2019 4:33:33 PM

Foto: Cortesía Festival de la Tigra

Desde 2017, cada comienzo de año, el municipio de Piedecuesta, en el nororiente colombiano, se convierte en el epicentro de uno de los eventos culturales más emocionantes, conmovedores y arriesgados del país: el Festival de la Tigra.


Un evento concebido entre otros por el genio creativo de Edson Velandia, el karateka, el mismo que lidera con cabeza de burro la banda Velandia y la Tigra, el mismo que le ha puesto música a películas de Rubén Mendoza o Iván Gaona, el mismo que, machete en mano, ha dirigido diferentes orquestas y ensambles, el mismo que escribe obras de teatro, el mismo cuyas canciones “Iván y sus Bang Bang” y “Su madre patria” fueron bajadas de Facebook, el mismo que el año anterior editó su segundo álbum de canciones para niños, el mismo que canta y baila. 

En Piedecuesta conversamos con él sobre el maravilloso Festival de la Tigra.

Umberto Pérez (UP): ¿Por qué hacer un festival de música en Piedecuesta?

Edson Velandia (EV): “Tiene que ver con una tradición que hay aquí en Piedecuesta. Este pueblo siempre ha sido muy gustoso del arte. Yo crecí en un ambiente que me permitió, rápido, darme cuenta que lo mío era la música, el teatro; no me incliné por una sola porque en el pueblo, al mismo tiempo había gente con iniciativas hacia todas, había gente haciendo literatura, gente haciendo teatro, gente haciendo música, y se combinaban.

Esas personas fueron provocadoras y ese ambiente es muy viejo en este pueblo, entonces yo crecí viendo y asistiendo a espacios de iniciativas comunitarias en donde los muchachos llegábamos y podíamos participar y nos contagiábamos. Y como yo, hay un montón de gente que se dedica al arte gracias a esos espacios”.  

UP: ¿Se trata de conservar una tradición?

EV: “Lo que yo he querido hacer es no dejar que esa tradición se muera, pero además tratar de hacerla más fuerte, darle más poder, más tamaño, mejor producción, mejor infraestructura, que tenga más ruido, que haya más intercambio, que podamos recibir artistas de afuera y hacer colaboraciones.

Festival de la TigraFoto: Cortesía Festival de la Tigra.

Es una necesidad de ayudar a agitar de la manera como yo vi que se agitó antes y hacerlo mucho mejor. Y es una razón intuitiva que está ahí, una razón orgánica que existe ahí; luego ya viene una cosa mucho más consciente que es decir ¡necesitamos un festival en Piedecuesta! ¿Y un festival en Piedecuesta cómo sería? ¡Pues sería así como es! ¡Diverso!”

UP: ¿Cómo se concretó la primera edición del festival hace tres años?

EV: “El primero fue motivado por un fracaso moral fuerte. Quisimos hacer un festival en un paro campesino en Barranca, se llamaba 'Música pinga en la minga'. Reunimos a muchos de los amigos de la zona, de aquí de la región: Tres y Yo, Las Avispas Africanas, El León Pardo, Velandia y la Tigra, Adriana Lizcano, Kussi Huayra, el Colectivo La Panela, entre otros; el mismo combo, los que a la postre íbamos a hacer el festival después.

Fuimos a hacerlo allá y desafortunadamente al paro llegó el ESMAD y se armó una cosa como cuando llega el ESMAD. Tuvimos que cancelar el festival y eso fue una frustración muy grande para nosotros.

A los tres o cuatro meses estábamos armando el Festival de la Tigra con Sandy Morales y Manuel Chacón. Nos encontramos en mi casa y la razón de la reunión fue esa: ¡vamos a hacer un festival! y ahí nació el Festival de la Tigra. Ese fue el detonante”.


UP: ¿Cómo recibió el pueblo piedecuestano esa primera edición y cómo los recibieron las autoridades frente a lo que pasó en Barranca?

EV: “Fue favorable y nos enseñó mucho. Tuvo el impacto que esperábamos. Se trataba de demostrarnos a nosotros como ciudadanos que estos espacios nos pertenecen, que este Elefante Blanco (se refiere a un edificio grande y subutilizado, llamado hasta hace poco Biblioteca Municipal Eloy Valenzuela) puede dejar de ser un elefante blanco y tal vez convertirse en un elefante rosado, pero no dejar de ser elefante porque creo que está buena la fantasía para los pelados, para las niñas, saber que hay un elefante en el pueblo y que se puede entrar al elefante; pero también que es un monumento a la desidia, al abandono político, social y público.

Edson Velandia en el Festival de la Tigra.Foto: Cortesía Festival de la Tigra.

Entonces ese festival nos demostró que era posible hacerlo de una manera contundente, fuerte, que se sintiera que esta cosa estaba viva. Y ahí también nos dimos cuentas que el festival tenía ese otro objetivo que era recuperar este lugar, recuperarlo para la gente, para la población, para la comunidad, que nos lo tomemos y lo usemos.

Ese impacto se sintió en la gente de la administración pública, se dieron cuenta de que aquí hay algo; igual, no es una cosa que ya surtió efecto, tampoco creemos en los procesos inmediatos, ni de que esto va a ser de un día para otro, pero nos dimos cuenta de que la semilla se había sembrado”.

UP: ¿Cómo se ha financiado el festival? ¿Cómo se sostiene esta tercera versión?

EV: “Este año logramos tener concertación con el Ministerio de Cultura, por fin, porque habíamos intentado las dos veces anteriores y no habíamos tenido suerte. Aparte, el Instituto Municipal de Cultura de Bucaramanga decidió apoyar el festival y aliarse con nosotros.

La Cámara de Comercio de Bucaramanga nos ha apoyado las tres veces. Aparte, tenemos el apoyo de Sonar, la empresa de sonido de Lalo Ariza, que nos permite tener los equipos a muy bajo costo.

Una infinidad de gente nos apoya, esto ha ido creciendo, pero también hay un montón de cosas que mejorar, que apretar, eso es parte de la ganancia: que a medida que uno va creciendo va descubriendo cosas que hay que mejorar, si no se crece no las ve”.

Festival de la TigraFoto: Cortesía Festival de la Tigra.

UP: Ahora hablemos del componente artístico. ¿Cómo se arma esa curaduría musical? ¿Cómo ha sido a lo largo de estas tres ediciones?

EV: “La primera vez que lo hicimos, lo hicimos con los amigos más cercanos, los que nombré anteriormente, el coro de la UIS entre esos. Ya en el primer festival empezamos a hacer colaboraciones, nos preguntábamos ¿qué pasará si juntamos a la Banda Municipal con el DJ Trucha? Y así abrimos el Festival y a hacer un poco de experimentos, de provocar otras cosas y eso lo hemos mantenido.

Este año tenemos seis experimentos así: unamos esto con esto a ver qué sale, y los artistas se pegan a eso, muy bellos también porque lo asumen con todo el rigor, con todo el amor y se esmeran, realmente, porque el festival sea grande. Este festival es grande gracias a que, todo el equipo que trabaja acá y todos los músicos que participan, comprenden la necesidad de que esto exista en Colombia”.


UP: ¿Hay algún concepto curatorial en cuanto a lo estético?

EV: “Sí, que me guste a mí (risas).  No, mentiras. No todo lo que ponemos es lo que más me gusta, tenemos cosas que no son los géneros que yo más escucho pero yo que soy el curador, por lo menos, tengo un gusto por la música muy amplio. No tengo tantas cosas que no me gusten, el tropipop sí ¡lo odio! pero nada más.

Siempre buscamos artistas locales que tengan una propuesta sólida, no hemos intentado que el festival sea una vitrina de talentos porque realmente es un festival de artistas profesionales que ya están maduros, a pesar de que a algunos no los conozcan mucho. 

Vimos a Metal Destroyer que, a primera vista, uno dirá: bueno, no son conocidos, pero eso no significa que sean nuevos, llevan muchos años trabajando y realmente son una banda representativa del thrash metal. Es contundente ese grupo y ese ha sido el primer filtro.

Luego hay otras bandas que, desde afuera, nos han dicho: ¡Ey, yo quiero ir! Nos interesa, como Los Pirañas, que nos dijeron: bacano, vamos a compartir allá, queremos ir al festival, y ya está, sale de una”.  

Festival de la TigraFoto: Cortesía Festival de la Tigra.

UP: La apuesta curatorial es bien diversa.

EV: “La curaduría tiene que ver con que el festival no se cierra a ningún género, al revés, que tengamos una gran variedad, que sea un gran abanico de posibilidades sonoras que convivan juntas, que puedan estar en el mismo espacio y que también se integren otras áreas: el teatro, la danza, el cine, la literatura, y ver cómo pueden convivir, cómo pueden colaborar; son laboratorios.

Confiamos mucho en eso: en la investigación, en el laboratorio, en el riesgo”.

UP: De la programación diaria del Festival de la Tigra me impresiona que esté regulada por una suerte de caos. No hay explicación lógica alguna para poner a Metal Destroyer y luego a Adriana Lizcano y la Ruda, o El León Pardo seguido de Polikarpa y sus Viciosas y enseguida Edy Martínez. Estamos acostumbrados a cierta homogenidad sonora en la programación de los festivales, pero de acá me gusta que el público se encuentra en un momento con un sonido y a la hora está escuchando otra cosa muy diferente en el mismo escenario.

EV: “Sí, yo creo que nosotros así también leemos al mundo. Porque fíjese que la gente ve televisión y cambia de un canal a otro, dos programas absolutamente distintos, pueden estar viendo fútbol y enseguida viene un programa de cocina.

Estamos en un mundo híper comunicado en donde tenemos 1.000 canales al mismo tiempo funcionando, entonces yo creo que estamos preparados para un festival así y más aquí en Piedecuesta.

Y a mí me parece lindo que sea en el parque de Piedecuesta, un escenario de encuentro natural, orgánico, en donde conviven las familias, en donde podamos apreciar a un grupo que, a primera vista, no es de público familiar, como un grupo de metal o un grupo de punk, pero ahí nos vamos dando cuenta que es pura carreta, porque las familias no son unívocas, las familias son diversas también; uno puede demostrarse que es capaz de escuchar otra cosa, verla completa, convivir ahí con los que pogean y aun así no meterse al pogo pero tampoco irse”.

Festival de la TigraFoto: Cortesía Festival de la Tigra.

UP: También me llama mucho la atención la intención política del festival. Se conversa sobre temas que afectan directamente a la región: el medio ambiente, los recursos naturales, poner la atención en el páramo y, en esta ocasión, hablar de un tema tan coyuntural como las hidroeléctricas.

EV: “El festival sí es una apuesta que tiene que ver mucho con una visión política nuestra, pero no porque hagamos los conversatorios, el festival en sí ya es una apuesta poética y política.

Cuando uno dice: somos ciudadanos y vamos a tomarnos los espacios, y vamos a ejercer nuestro derecho a vivirlos y vamos a compartir con la gente, estamos permitiendo que la gente tenga acceso a la música y a las artes.

Si nuestras administraciones son miopes y no son capaces de hacerlo, no podemos resignarnos a que eso quede así, entonces tomamos partido, vamos a hacerlo y vamos a tratar para que las nuevas generaciones tengan un pensamiento crítico, para que deje de ser lógico que aquí la plata se la roban y que las administraciones públicas son mafias.  

De pronto es muy difícil empezar a cambiar la mente de los grandes, que ya están corrompidos, pero sí podemos empezar a trabajar en otras personas que van creciendo y que van a entender otras lógicas”.

UP: ¿Cree en el impacto positivo del Festival de la Tigra en la comunidad?

EV: “Sí. Creo que podemos ejercer alguna influencia en la gente, aquí cabe todo el mundo, podemos venir, podemos participar, hacemos unos conversatorios para que discutamos temas como por ejemplo: qué significa ser artista en este contexto de guerra, de guerra fría en muchas ciudades pero guerra caliente en otras muchas regiones; qué significa hacer arte acá, nosotros no estamos en cualquier lado, entonces hay que discutirlo”.

UP: ¿Por qué hablar de medio ambiente y recursos naturales?

EV: “El medio ambiente, sobre todo en esta versión, fue importante porque está el conversatorio “Fracking y shopping”, en el que estamos hablando no solamente sobre el medio ambiente sino cómo el fracking y la economía naranja son dos patas de la misma gallina, del mismo plan de gobierno, y cómo eso se relaciona.

También está el conversatorio “Guitarras eléctricas e hidroeléctricas” para discutir cómo los ríos, que son coyunturales a las culturas y de ahí surgen muchas músicas, contrastan con los proyectos hidroeléctricos que acaban con todo en pro del desarrollo.

No es solamente el medio ambiente, realmente, es articular todas esas connotaciones políticas alrededor del hecho de ser ciudadano. Seamos artistas o lo que seamos, debemos tener un sentido crítico de la ciudad en donde vivimos, del país en donde vivimos, si no, pues hermano, estamos entonces a merced de que hagan con nosotros lo que les dé la gana toda la vida”.

Festival de la TigraFoto: Cortesía Festival de la Tigra.

UP: En el cartel artístico del Festival la Tigra también está presente el compromiso, los artistas vienen a tocar y a conversar sobre estas temáticas. ¿Considera usted que es posible un arte sin compromiso?

EV: “Claro, seguramente es posible. Pero yo no lo limito al arte, yo pregunto: ¿Es posible existir sin un compromiso en la vida? ¿Sin un sentido crítico? ¿Sin ser consciente del efecto que tienen nuestros hechos y nuestros actos socialmente? ¿Vivir indiferente a que si lo que hacemos favorece o perjudica a los demás?

Seamos artistas, científicos o lo que seamos, todos estamos involucrados acá y es mejor hacerlo de una manera consiente. Eso es lo único que yo pienso.

Y aquí en este festival han pasado artistas que son militantes y otros que no, de pronto la mayoría no son militantes pero tengan o no una afinidad con el pensamiento nuestro, con el de los organizadores, lo que sí es claro es que son personas que tienen una preocupación y un interés en que esto sea mejor, de que esta vaina se transforme hacia algo más humano”.


UP: De este Festival de la Tigra también me gusta que sea equitativo. Ahora hay una discusión en torno a que siempre ha habido desigualdad de género en los festivales pero acá no ocurre. Hay una presencia artística femenina importante. ¿Esto fue hecho a conciencia?          

EV: “Sí, claro que fue hecho a conciencia. Si uno no hace el esfuerzo cuando hace la programación y la mira dos veces se da cuenta de que hay puros manes. Seguramente la gente más cercana a uno son manes, parceros con los que uno comparte por ahí, pero hay que hacer un esfuerzo en pillarse otras expresiones.

Con las chicas pasa mucho eso, de repente hay que hacer una pesquisa un poco más aguda para pillarse en dónde están.

Nos esmeramos mucho en que sea lo más equilibrado posible, además que, ojo, sólo hay dos hombres en este equipo del Festival de la Tigra: Doménico y yo, el resto son mujeres. El equipo directivo del Festival de la Tigra es muy femenino”.

UP: ¿Cómo se imagina el futuro del Festival de la Tigra?

EV: “No sé, no pienso mucho en eso, no pienso mucho en a dónde vamos porque no quiero atar mi vida a nada. Si hay un cuarto festival pues que sea mejor que el tercero, eso sí”.


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