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Cultura

“En el deporte el sufrimiento es una banalidad”: Charlène Favier, directora de ‘Slalom’

Hablamos con la directora francesa sobre su ópera prima, ‘Slalom’, un relato meditado e íntimo sobre el abuso, el poder y la ambición.

Tomada de Youtube.
Tomás Tello
07 Oct 2021 2:57:57 PM

‘Slalom’ es una palabra que describe varias categorías deportivas, desde el esquí, hasta el canotaje y se puede hacer tanto en autos como sobre patines. Todas estas disciplinas tienen algo en común entre ellas: zigzaguear. Precisamente, la cineasta francesa Charlène Favier se apropia de esta analogía en su primera película, ‘Slalom’, de 2020, para mostrar cómo la vida es un veloz descenso sobre la nieve y la mejor manera de sortearla es ir de un lado al otro esquivando obstáculos.

‘Slalom’ llegó a las salas de cine de Colombia de la mano del Festival de Cine Francés y cuenta la historia de Lyz Lopez y Fred, una joven esquiadora de 15 años y su estricto entrenador quienes quieren llegar a los Juegos Olímpicos, aunque habrá en el camino varios episodios de abuso físico y sicológico.

Sin embargo, lejos de quedarse con un relato de negros y blancos, Favier aprovecha la familiaridad de esta historia para mostrar que lo bueno y lo malo son puntos de vista, más que verdades incontrovertibles. En ‘Slalom’ hay victimarios y víctimas, sí, pero sus personajes, como los seres humanos, no se agotan allí.

Aprovechamos el paso de Favier por Bogotá para charlar sobre su primer largometraje, el papel de las mujeres en el cine y la importancia de alejarse de los discursos maniqueos.

¿Por qué eliges las montañas y el esquí y qué fue lo más difícil de registrar este complejo deporte en una locación aún más inclemente?

Porque en mi infancia esquié en incompetencias y crecí en la misma zona donde rodé la película. De hecho, el apartamento de Lys es el de mi vecina de tal forma que es prácticamente mi casa. Ahora, más allá del tema, tenía muchas ganas de hacer una película en las montañas porque me parecen magníficas y tengo un lazo muy fuerte con ellas. Me encanta caminar en las montañas y volver a mi casa de noche con la luna llena, cuando la nieve se ve azul. Me parece que allí hay algo surrealista, místico. Y yo quería fuertemente plasmar eso en mi película, porque es un sentimiento muy íntimo que me une con la montaña, porque así fue mi infancia. Ahora, me parece que son pocas las películas que se hacen en montañas, porque es difícil rodar en esas condiciones y, al mismo tiempo, hay pocos cineastas que filmen las montañas porque si uno no está muy familiarizado con ellas y con ese entorno resulta muy duro, creo yo. 

Además recordemos, Lys hace precisamente esa carrera de obstáculos, ese slalom, entre las transformaciones de su cuerpo, los adultos y la adultez. Entonces esquiva aquí y allá, busca su camino. Sí, va pasando por entre las emociones. Me pareció interesante como metáfora. 

¿Qué tan sencillo fue convertirte en una cineasta profesional? ¿Cómo es el trato de la mujer en el cine?

Yo me siento muy bien, pero fue difícil hasta cierto punto. Ahora, hacer una película siempre es difícil, ya sea un hombre o mujer y tal vez más para mí que soy autodidacta, con padres que no vienen de este medio ni tengo mis estudios para ser cineasta. Lo que me motivó a hacer esta película sobre todo fue una necesidad y una pasión y esto no tiene género. Aunque también es cierto que se suele confiar menos en las mujeres y con frecuencia se nos dice: "Ojalá tengas un buen equipo contigo si quieres lograrlo". A un hombre, a un director nunca le dicen algo así. 

Esta película fue difícil de financiar porque además de ser un tema un poco molesto, la gente decía: "Una mujer va a rodar en la montaña, allá es frío, es una película de deporte con escenas muy duras. Entonces, bueno, no sabemos si tendrá esa firmeza”. Y a mí eso me dio más ganas de seguir adelante. No tuve mucho tiempo para filmar, tampoco un alto presupuesto, pero fue hasta cierto punto una revancha. "Van a ver que sí soy capaz", pensé. Y creo que todas las mujeres directoras tenemos un poco esa rabiesita de mostrar que sí somos capaces. 

La verdad es que a las mujeres directoras se nos paga menos que a los hombres y tenemos menos presupuesto para las películas. Pero bueno, hoy en día las cosas están cambiando. Una mujer ganó el Oscar a la mejor película, la Palma de Oro y el León de Oro. El 2021 ha revolucionado el cine ese sentido. De pronto es como si el mundo se hubiera despertado, pero ya era hora, ¿no?

En ‘Slalom’ es difícil recordar una sola escena sin Lys, la protagonista, ¿Por qué tomas esta decisión? ¿Qué esperabas lograr?

Eso fue algo en lo que pensé desde el comienzo. Quería hacer una película desde el punto de vista de Lys. Quería que el espectador prácticamente entrara en el cuerpo de ella y sintiera sus emociones para que conectara con todo lo que ella vivió. Yo no quería hacer una película que explicara, que juzgara o que teorizara. Personalmente no me gusta la teoría, prefiero más lo que está relacionado con la pulsión, con las sensaciones, sobre todo para un tema como este.

Interrogar las propias sensaciones y emociones es más fuerte que ir a buscar una teoría. Por ejemplo nosotros dialogando. Si yo te digo: “sentí esto o aquello o miedo durante la escena del esquí”, tú no puedes decirme que no es cierto, porque es lo que yo sentí ¿Cierto? En cambio tú me puedes decir qué fue lo que tú sentiste. Y a partir de ahí ya podemos entrar en diálogo. Por eso me parece que es mucho más interesante y rico. Hasta ahora, los debates al respecto de la dominación y el abuso han sido conflictivos, caen en maniqueísmo y son debates más bien simplistas. Aquí vi otra forma de abordar las cosas.

En el deporte siempre ha habido situaciones de abuso. ¿Qué le dirías a alguien que está pasando por una situación similar a la de Lys?

Bueno, les diría que digan que no, que no de una vez. Que se nieguen a todo lo que los ensucie un poco. Pero no solo quisiera decírselo a los atletas, quisiera decírselo al mundo entero, porque de hecho para que cosas así no sucedan creo que todos somos responsables. En otras palabras: todos debemos estar atentos. Es como si a alguien lo agreden en la calle. Si todo el mundo pasa por el lado y no hace nada, pues sigue pasando, pero si de pronto todo en el mundo se moviliza para que no suceda, pues habrá menos agresiones, porque todo el mundo va a cuidar y no va a ser sólo labor de la policía. Por eso pienso que todos debemos estar atentos y aprender a ver las señales de abuso, de dominación. En la película ni el director de la escuela del centro de formación, la mamá o Lilou se atreven. 

El mensaje también va para los entrenadores, claro. Hay límites que no deben sobrepasar. Lys, como cualquier jovencita de 15 años, es alguien que se enamora y quiere que el entrenador le ponga atención, pero no es algo sexual lo que ella está buscando. Él no tenía derecho, no podía, no debía abusar de su confianza. 

¿Siempre tuviste la idea de tratar de desdibujar el límite entre abusador y abusado? En Slalom no es tan claro el límite y aunque obviamente hay un adulto que tiene la responsabilidad, Lys también tiene su propia agenda e intereses. ¿Cómo lograste mantener ese equilibrio? 

Para mí fue importantísimo desde el comienzo no caer en un relato simplista ni maniqueista. Cada vez que se hablaba de estos temas, las pocas veces que se habla, siempre había un malo y una víctima, pero las cosas no son así. Yo por lo menos así no lo viví. Ahora, es cierto, hay situaciones en que hay violencia, hay un malo y una víctima. No estoy diciendo que eso no suceda, pero hay muchas situaciones, sobre todo cuando hay una gran influencia, es diferente porque las cosas son más matizadas y por eso es que es tan duro comprender lo que sucede y parar ese engranaje. 

Al comienzo de la película, Fred es un buen tipo. Cuando ve a Lys no dice "me la voy a llevar a la cama". Eso no es lo que piensa. Cuando la ve, piensa "Caramba, tiene algo deportivamente. Creo que podría llevarla hasta un objetivo. Tiene algo más, tiene empeño, tiene talento, no teme". Y eso es lo que él ve. Lys, desde su punto de vista, tampoco quiere irse a la cama con él. Lo que quiere es que le ponga atención, porque se siente un poco abandonada, quiere alguien que la mire y este hombre le da, además, un objetivo. Entonces, bueno, hasta ahí las cosas van muy bien. Son dos personas que no son ni víctima ni agresor. Hay una Lys y un Fred que quieren tener éxito. Y en un momento dado se sienten como emborrachados por eso y llega la presión. Entonces fíjese cómo el campo deportivo se desvanece y hay una ruptura de la intimidad, porque el cuerpo se transforma en un objeto y recordemos que en el deporte el sufrimiento es una banalidad. Llega un momento en que Fred, el adulto, se deja ganar por su pulsión sexual, cuando Lys no ha pedido nada. Ahí que se da ese desliz, ese desvío. Y Lys no entiende qué es lo que le está pasando, porque no se esperaba eso para nada. Ni siquiera sabe exactamente qué es, pero empieza a darse cuenta que hay algo ahí que no funciona. Ahí comienza a gestarse la toma de conciencia, hasta que llega a decir "no". Es el paso de la infancia a la adultez. 

Tratar las cosas así me parece más interesante, porque además yo quiero que esta película le hable a los entrenadores y si desde el comienzo señalo al entrenador como si fuera un pedófilo o un enfermo mental, los entrenadores van a pensar: "¿Cómo así? Yo no me reconozco en una película así, así no soy yo, este es un caso especial, es un enfermo y yo no soy enfermo". Mientras que aquí  hasta yo podría estar en la posición del entrenador. Podría sucederme a mí también. Esto permite mostrar que justamente hay límites que no se pueden superar. También le estoy hablando a los hombres mostrándoles que, aún si no son malos en la base, hay que tener cuidado y hay que recordar que algunas cosas que pueden tomar como atracción sexual no lo son en el fondo.

¿Qué piensas de la ambición y la competencia y cómo esta combinación puede llevar a los humanos a hacer cosas monstruosas? 

A mi me parece que el sistema de competencias es malsano porque prácticamente uno empuja a todos a que hagan cualquier cosa, lo que sea, para tener una medalla. Es hasta ridículo ¿no? Miren en Rusia, por ejemplo, donde por las hormonas hacían que las atletas quedaran embarazadas para luego abortar… ¿Para que de pronto el país aparezca representado en un podio? Es como el capitalismo hasta cierto punto. Se empuja y se incita al consumo y ¿a que precio? Para luego enfermarse, para envenenar nuestros cuerpos, para matar al planeta. De modo que sí, en efecto, el problema es que esto está arraigado en las mentalidades y lo vemos, por ejemplo, en el cine. A uno le encanta ver al director que gana un premio, que gana la Palma de Oro, pero esto no tiene tanto sentido porque el arte subjetivo ¿no? A ti te puede encantar la Palma de Oro y pensar que es una maravilla; a mí, en cambio, me puede parecer que la película no es buena y me puede gustar una película que tú como jurado no apreciaste. Yo personalmente soy un poco antisistema. 
 


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