El hardcore no ha muerto

Escrito por: Felipe Morales

El pasado 7 de abril, las puertas del Royal Center se abrieron para recibir a Turnstile, una banda de Baltimore, Maryland, que ha revitalizado la escena del hardcore. Si bien su estilo musical y estética difieren del hardcore de finales de los 80 y 90, me emocionaba verlos en vivo, ya que los sigo desde hace tiempo y me han cautivado. La banda telonera era RAW Brigade, una agrupación colombiana que suele girar por Estados Unidos, y yo tenía la misión de cubrir el concierto. 

Me encontré con una energía que no veía hace mucho: gente que se mueve por un movimiento, una forma de vida, algo que no está en el mainstream. Para entenderlo mejor, hagamos un breve repaso del hardcore, un género más interesante de lo que parece. 

No es un mito: antes, la música reflejaba el sentimiento de la sociedad, lo que se vivía en las calles. En la década de los 80 en Estados Unidos, la fuerte oleada de inmigrantes trajo consigo un alto índice de narcotráfico, pobreza y violencia. Nueva York fue una de las ciudades más golpeadas, y Manhattan se convirtió en el hogar del hip-hop, el punk y un género que los unió a todos: el HARDCORE. Su particularidad era que, si bien sus letras eran crudas y reales, siempre llevaban un mensaje positivo. A diferencia de otros géneros que promovían un movimiento en torno a grupos, el hardcore hablaba de la importancia de la singularidad, del respeto por el individualismo y del ser, sin dejar de lado la comunidad. Un subgénero, el HC STRAIGHT EDGE, tenía como premisa ser mejor para actuar mejor. Era un estilo de vida en contra de lo que se vivía en ese momento, y que hasta el día de hoy sigue vigente. 

Volviendo al presente, durante mucho tiempo los que crecimos con este género nos vimos limitados a escuchar bandas de nuestra adolescencia. El crecimiento nos lleva a apartarnos de lo que nos gustaba en ese momento, pero encontrarme con que esa energía, esos principios y ese estilo de vida aún están vigentes, y que los jóvenes disfrutan igual o más que en aquellos años, fue un momento de mucha energía. Especialmente en un mundo donde las letras sin sentido y los ritmos repetitivos se han tomado todo. 

Comenzamos con RAWBRIGADE, a quienes debo decir que el sonido no les jugó una muy buena pasada, pero creo que eso hacía parte de su encanto. No pudo haber mejor grupo para abrir. Su energía combinada con sus letras contagió a un público que venía a disfrutar. A los 10 segundos de iniciar ya teníamos moshpit, la tarima invadida para hacer slam y mucho poder compartido. 

Luego de algo más de una hora y un break de unos 20 minutos, salió a escena TURNSTILE, la banda esperada que nos había visitado en el 2022 en el festival Estéreo Picnic y que fue una de las sensaciones de esa edición. Esta vez en un espacio más íntimo. Es cierto, como lo dije antes, que no son una banda como la que estamos acostumbrados a ver de hardcore en los noventa, y eso cautiva aún más, aunque creo que no tanto a los puristas. Sin embargo, la energía de este quinteto fue demasiado. Ver la puesta en escena de su frontman Brendan Yates, que dista mucho de la imagen de un vocalista de una banda de este género, pero que con su voz y fuerza deja eso de lado. ¿Y saben qué? Esto es lo que más me gusta de esta banda: no se encierra en estereotipos que uno esperaría ver y nos lleva a disfrutar aún más de todo el show. La guitarrista, que los acompañaba por la gira, el baterista, el bajista, ¡todos! Fue un espectáculo en donde la energía fue la protagonista. 

A los que no han escuchado a esta banda, los invitamos a ver este video donde podemos ver ese estilo único de TURNSTILE que contrasta con lo que esperas de una banda de hardcore y esto la hace única. 

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