Niños en Colombia no comprenden lo que leen: el reto de volver a lo básico en educación
Niños en Colombia no comprenden lo que leen y esta realidad vuelve a poner sobre la mesa uno de los mayores desafíos del sistema educativo: fortalecer las bases del aprendizaje antes de avanzar hacia nuevas metodologías, tecnologías o modelos de innovación.
En Colombia, cerca del 60 % de los niños presenta dificultades para comprender lo que lee, una cifra que plantea una pregunta urgente: ¿cómo formar pensamiento crítico, autonomía y capacidad de decisión si las habilidades fundamentales aún no están consolidadas?
Esta fue una de las reflexiones planteadas por Santiago José Castro Agudelo, rector del British International School de Barranquilla, durante su intervención en el encuentro SUMA: Skilled-Based Economy, realizado en Bogotá. El evento reunió a líderes del sector educativo para debatir sobre el futuro del aprendizaje en una economía basada en habilidades.
Volver a lo básico en medio de la transformación educativa
En un contexto global donde la conversación educativa gira alrededor de la inteligencia artificial, la transformación digital, la innovación pedagógica y las nuevas competencias laborales, Castro planteó una reflexión de fondo: antes de pensar en el futuro, es necesario revisar los cimientos.
Durante su ponencia “Volver a lo básico: educación para un futuro que solo ofrece incertidumbre”, el rector señaló que la educación debe formar personas capaces de decidir, analizar y actuar con criterio propio.
“Hay que aprender a decidir, no esperar que alguien lo haga por nosotros. Y para eso, volver a lo esencial y a las bases es clave”, afirmó durante su intervención.
Su planteamiento no busca negar la importancia de la innovación educativa. Por el contrario, advierte que cualquier proceso de transformación pierde fuerza si los estudiantes avanzan sin dominar habilidades esenciales como leer, comprender, interpretar, argumentar y formular preguntas.
El problema no es la innovación, sino el punto de partida
Para Castro, el debate actual sobre innovación educativa corre el riesgo de pasar por alto una realidad fundamental: muchos estudiantes llegan a grados avanzados sin haber consolidado las bases del aprendizaje.
“Estamos intentando construir sobre bases que no están sólidas. Si un estudiante no logra comprender lo que lee, es muy difícil hablar de criterio o de toma de decisiones”, explicó.
La comprensión lectora no es solo una habilidad académica. También es una herramienta para entender el mundo, analizar información, participar en conversaciones públicas, tomar decisiones y construir una ciudadanía más crítica.
De acuerdo con cifras presentadas en el Encuentro Internacional Alfabetización, Equidad y Futuro, realizado en Brasil, la falta de comprensión lectora sigue siendo uno de los principales retos educativos en América Latina. Medios nacionales también han registrado la alerta sobre el bajo nivel de comprensión lectora en Colombia, especialmente en edades tempranas.
Universidades corrigiendo lo que debió resolverse antes
Uno de los síntomas más claros de esta problemática, según el académico, es que muchas universidades están destinando recursos a reforzar competencias básicas que debieron haberse consolidado durante la educación escolar.
“La existencia de cursos de lectoescritura en la universidad no es una solución estructural; es más bien una señal de que algo se rompió en el camino”, señaló.
Desde esta perspectiva, hablar de una economía basada en habilidades exige primero garantizar que los estudiantes cuenten con herramientas fundamentales para comprender, escribir, interpretar y analizar información.
No se trata únicamente de mejorar resultados en pruebas o indicadores. El reto es mucho más profundo: formar estudiantes capaces de pensar con autonomía, resolver problemas, contrastar información y tomar decisiones en contextos cada vez más complejos.
Comprensión lectora y pensamiento crítico
Cuando los niños en Colombia no comprenden lo que leen, el impacto va más allá del aula. Las dificultades en comprensión lectora pueden afectar el desempeño en otras áreas del conocimiento, la capacidad de argumentar, la participación ciudadana y la construcción de proyectos de vida.
Por eso, fortalecer la lectura debe ser entendido como una prioridad transversal. Leer bien no significa únicamente decodificar palabras, sino comprender ideas, relacionar conceptos, identificar intenciones, interpretar contextos y construir una posición propia frente a la información.
En una sociedad atravesada por la sobreinformación, las redes sociales y la inteligencia artificial, esta habilidad se vuelve todavía más importante. Sin comprensión lectora, los estudiantes quedan más expuestos a la desinformación y tienen menos herramientas para analizar críticamente lo que consumen.
Educar para decidir
Más allá del debate pedagógico, la reflexión planteada en SUMA apunta a una cuestión social más amplia: la capacidad de las personas para tomar decisiones en un mundo marcado por la incertidumbre.
“Si un estudiante no sabe formular preguntas, resolver conflictos o autorregularse, estamos fallando como sociedad”, afirmó Castro.
En ese sentido, volver a lo básico no significa retroceder. Significa construir desde fundamentos sólidos para que las nuevas generaciones puedan enfrentar los desafíos del futuro con criterio, autonomía y confianza.
La educación del futuro no puede depender únicamente de nuevas tecnologías o metodologías disruptivas. También necesita recuperar lo esencial: leer, comprender, escribir, preguntar, analizar y decidir.
Porque antes de hablar de inteligencia artificial, innovación o economía basada en habilidades, el sistema educativo tiene una tarea pendiente: garantizar que los estudiantes comprendan lo que leen y puedan pensar por sí mismos.




