El dolor de una madre: La historia de Yulitza Toloza y el último adiós desde Arauca

Una vida de sueños, viajes y total independencia

Detrás de los titulares y las noticias judiciales, siempre hay una historia de vida que merece ser contada con dignidad. Yulitza Toloza tenía 52 años y una esencia libre que la llevó a dejar su natal departamento de Arauca hace varios años para radicarse en Bogotá. En la capital, con esfuerzo y dedicación, logró salir adelante de manera independiente, consolidando su propio salón de belleza, un espacio donde construyó su día a día.

Yulitza era la tercera de siete hermanos, hija de doña Nubia Toloza. Decidió no tener hijos ni esposo, una elección de vida que le dio la libertad de cumplir uno de sus más grandes anhelos: viajar por el mundo. Según recuerda su madre, Yulitza conoció lugares icónicos como París e Italia. Desde esos paisajes lejanos, llamaba con entusiasmo a doña Nubia para mostrarle, a través de la pantalla, las maravillas del mundo. «Goce, mi hija, que eso es lo que le queda en vida», solía responderle su madre con el amor sabio de los años.

A pesar de la distancia física, madre e hija mantenían rituales inquebrantables. Se reunían por lo menos dos veces al año, siendo el mes de agosto su época más sagrada. Doña Nubia celebra su cumpleaños el 12 de agosto y Yulitza lo hacía el 28 del mismo mes, por lo que el octavo mes del año era siempre sinónimo de reencuentro familiar y abrazos.

La dolorosa distancia y un proceso en absoluto secreto

La última comunicación entre Yulitza y su madre ocurrió días antes del pasado Día de la Madre, y la última vez que se abrazaron personalmente fue antes de la Navidad pasada. Por eso, para doña Nubia y el resto de la familia, la noticia de su fallecimiento fue un golpe devastador y completamente inesperado: nadie en su entorno familiar tenía idea de que Yulitza se sometería a un procedimiento estético.

Doña Nubia, quien es una persona mayor y vive sola en Arauca, se enteró de la desaparición de su hija a través de uno de sus yernos. Desde ese instante, la angustia se apoderó de su hogar. Fueron sus vecinos y amigos más cercanos quienes la acompañaron minuto a minuto, revisando las redes sociales y los medios de comunicación para mantenerla al tanto de la situación.

En medio de las lágrimas en su casa de Arauca, doña Nubia recordó una anécdota de su propia juventud. Contó que una vez acompañó a una amiga a San Cristóbal (Venezuela) para realizarse una liposucción. Al verla tan adolorida y llena de moratones, el miedo la invadió y corrió a avisarle al esposo de su amiga por temor a que algo grave le pasara. Desde ese día, se prometió jamás tocar su cuerpo: «Nunca se me ocurrió hacerme algún proceso estético porque me amo tal como Dios me mandó al mundo», reflexionó con nostalgia doña Nubia, lamentando profundamente no haber tenido la oportunidad de compartirle esa experiencia de vida a su hija Yulitza.

El regreso a casa: Apoyo institucional para el último adiós

El proceso para la entrega del cuerpo ha sido doloroso. Recientemente, las autoridades se comunicaron con doña Nubia para coordinar una prueba de sangre que permitiera determinar científicamente el parentesco y confirmar la identidad de Yulitza para la entrega oficial por parte de Medicina Legal.

En medio del dolor, la familia recibió un bálsamo de apoyo. El alcalde mayor de Bogotá, Carlos Fernando Galán, se comunicó personalmente con doña Nubia para expresarle sus condolencias y asegurarle que el Distrito se hará cargo por completo de todos los gastos de traslado y los detalles del envío del cuerpo de Yulitza desde Bogotá hasta el departamento de Arauca.

Con este apoyo, Yulitza regresará a la tierra que la vio nacer, donde su madre, sus seis hermanos y la comunidad de vecinos que tanto ha cuidado a doña Nubia en estas horas oscuras, esperan para brindarle una despedida digna, recordando siempre a la mujer alegre, independiente y viajera que un día salió de Arauca a conquistar el mundo.

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