Bahía Solano, en el Chocó Litoral, continúa consolidándose como una de las áreas estratégicas más importantes para la supervivencia de las tortugas marinas en el Pacífico sudamericano. Gracias al trabajo ininterrumpido de las comunidades locales, durante el año 2025 se logró el monitoreo de 1.482 nidos y la protección de 146.551 huevos, registrando altas tasas de eclosión que oscilan entre el 90% y el 95%.
Procesos como la Corporación Tortugas del Pacífico, el proyecto Mamaorbe y diversas iniciativas de la sociedad civil lideran este esfuerzo de 365 días al año. Las familias y asociaciones del sector combinan el conocimiento ancestral con protocolos de conservación para resguardar a especies como la tortuga caná, verde, carey y golfina.
Un crecimiento histórico en la protección del territorio
El progreso de estas iniciativas comunitarias refleja un salto significativo en la última década: de 352 nidos identificados en 2016 se pasó a casi un millar y medio en el último año. Este monitoreo no solo asegura la llegada de las hembras anidantes, sino también el seguimiento a los viveros y la liberación asistida de los neonatos hacia el océano.
«La conservación de las tortugas marinas en Bahía Solano ha sido un proceso construido desde la comunidad. Con el paso de los años hemos transformado nuestra relación con estas especies y hoy somos familias que trabajan por protegerlas, monitorear sus ciclos y garantizar que mantengan sus ciclos naturales de llegada.»
— Juan Edilberto Pinilla Flores, Director de la Corporación Tortugas del Pacífico.
El histórico retorno de la tortuga caná
Uno de los logros más emblemáticos de este modelo de monitoreo continuo ha sido el reavistamiento de la tortuga caná o baula (Dermochelys coriacea), considerada la especie de tortuga marina más grande del mundo. Tras casi cinco décadas sin reportes de su presencia en la zona, en Playa Cuevita (corregimiento de El Valle) se identificaron tres arribos durante el año 2026, lo que confirma la efectividad de la restauración de las playas de anidación.
Turismo biocultural como motor de desarrollo
Actualmente, cerca de 30 personas entre miembros de familias locales, guías y defensores ambientales participan activamente en las cuadrillas de monitoreo. Sus actividades van desde patrullajes nocturnos hasta actividades pedagogícas con visitantes.
A través de la integración de prácticas de turismo responsable, Bahía Solano demuestra que la conservación ambiental y el desarrollo económico local pueden avanzar de la mano, garantizando que el patrimonio natural y biocultural del Pacífico colombiano perdure para las siguientes generaciones. Para explorar más detalles sobre estos programas, la información se encuentra disponible en la plataforma de Pacífico Biocultural.




