Dos diminutas especies de moscas encendieron una alerta ambiental en la Antártida, uno de los ecosistemas más frágiles del planeta. El hallazgo hace parte de una investigación liderada por el biólogo colombiano Jordan Camilo Hernández Martelo, quien advierte sobre los riesgos que estas especies invasoras representan para la biodiversidad del continente blanco.
¿Quién es Jordan Camilo Hernández Martelo?
Desde el barrio República de Chile, en Cartagena de Indias, hasta los paisajes helados de la Antártica, la trayectoria de Jordan Camilo Hernández Martelo es la de un científico cuyo recorrido cruza fronteras, escalas biológicas y disciplinas. Biólogo de la Universidad de Cartagena, su historia está marcada por la convicción de que la investigación debe dialogar activamente con los territorios y las comunidades que los habitan.
Inició su carrera explorando la biología molecular y la microbiología, enfocándose en la salud pública a través del estudio de la resistencia antimicrobiana (combate los microbios). Sin embargo, su curiosidad por la naturaleza lo llevó a ampliar su mirada hacia la ecología y la evolución. Tras participar en proyectos de sostenibilidad acuícola (pescados) en el Caribe colombiano, consolidó su perfil académico con una Maestría en Ciencias del Mar. Durante esta etapa, se especializó en el uso de herramientas morfométricas y cuantitativas para analizar la variación en peces neotropicales, bajo la guía del Grupo de Investigación en Biología Descriptiva y Aplicada dirigido por la Dra. Adriana Bermúdez Tobón.
Paralelo a su labor investigativa, Jordan dedicó seis años (2018–2023) a la docencia de ciencias naturales. Esta faceta le permitió liderar proyectos ambientales escolares y procesos de actualización curricular, fortaleciendo su capacidad para comunicar la ciencia y reafirmando su visión de que enseñar es, en esencia, una forma de transformar el entorno social.
Un punto de inflexión clave fue su pasantía en el Laboratorio de Ecología y Morfometría Evolutiva (EME-Lab) en Chile, experiencia que definió su interés actual por la biología de las invasiones y la integración de enfoques eco-evolutivos.
Actualmente, es candidato a doctor en Salud Ecosistémica por la Universidad Católica del Maule (Chile), bajo la dirección del Dr. Hugo Benítez. Como integrante del Instituto Milenio de Biodiversidad Antártica y Subantártica (BASE) y del Centro Internacional Cabo de Hornos, ha trasladado su centro de operaciones al continente blanco.
Desde el verano austral 2023–2024, desarrolla investigación de vanguardia en la Antártica, un laboratorio natural donde estudia los procesos adaptativos de moscas exóticas en ambientes extremos. Su trabajo integra genética, fisiología y morfometría para evaluar las amenazas que representan las especies invasoras para la integridad de estos ecosistemas, frente al cambio global.
Hoy, su labor en el EME-Lab reafirma su compromiso con la generación de conocimiento científico en Chile y América Latina. A través de publicaciones y colaboraciones internacionales, Jordan busca comprender y gestionar la biodiversidad desde una perspectiva integradora, técnicamente rigurosa y socialmente responsable.
¿Qué aporta esta investigación a la biología?
La investigación de Jordan Hernández propone un abordaje multidimensional para descifrar uno de los mayores desafíos ecológicos actuales: el establecimiento de especies exóticas en ecosistemas vulnerables. Su estudio no solo se limita a la observación, sino que profundiza en los mecanismos biológicos subyacentes mediante tres pilares fundamentales:
- Enfoque Integrativo (Evolución y adaptación):
Utilizando herramientas de morfometría geométrica, análisis genéticos y biomarcadores fisiológicos, la investigación busca identificar cómo el fenotipo y genotipo de una especie exótica (específicamente dípteros en la Antártica) se moldean para sobrevivir a condiciones de estrés térmico y ambiental extremo. Este enfoque permite predecir el éxito invasor frente a escenarios de cambio climático.
- Aporte a la Salud Ecosistémica: Al formar parte del Instituto Milenio BASE, su trabajo contribuye a definir indicadores de salud ambiental en el continente blanco. Comprender la interacción entre especies invasoras y fauna nativa es crucial para evaluar la integridad biótica y la resiliencia de estos ecosistemas prístinos, que funcionan como termómetros de la crisis climática global.
- Ciencia Aplicada y Bioseguridad: Más allá de la teoría, los resultados de su tesis doctoral proporcionan evidencia científica de alto valor para el fortalecimiento de los protocolos de bioseguridad internacional. Sus hallazgos son insumos críticos para las políticas de gestión de especies invasoras en la Antártida, ayudando a mitigar riesgos de contaminación biológica derivados de la actividad humana y el transporte transfronterizo.
- Perspectiva Regional y Global Gracias a su experiencia previa en el Caribe colombiano y su formación actual en Chile, la investigación aporta una visión integradora que conecta los procesos de invasión biológica en diferentes latitudes, consolidando el liderazgo científico de América Latina en el estudio de ambientes extremos y la conservación de la biodiversidad global.
Investigación desarrollada en el laboratorio de la Universidad de Cartagena
Laboratorios de investigación donde participo Jordan Hernandez
EME-Lab
El Laboratorio de Ecología y Morfometría Evolutiva (EME-Lab), bajo la dirección del Dr. Hugo Benítez, se ha consolidado como un referente científico en Chile dedicado al estudio de los procesos adaptativos y evolutivos de los organismos desde una perspectiva integradora. Este espacio de investigación se especializa en la aplicación de herramientas de morfometría geométrica y análisis eco-evolutivos para comprender cómo la variación fenotípica permite a las especies responder a las presiones del entorno. Entre sus líneas de trabajo más destacadas se encuentra la biología de las invasiones, donde el laboratorio analiza los mecanismos de colonización y adaptación de especies exóticas en ecosistemas diversos, con un énfasis particular en ambientes extremos y de alta vulnerabilidad como el territorio antártico. Más que un centro técnico, el EME-Lab se distingue por fomentar un ambiente de colaboración científica y excelencia académica, promoviendo el desarrollo de redes internacionales que impulsan la generación de conocimiento con un impacto directo en la conservación de la biodiversidad y la salud ecosistémica en América Latina.
El Instituto Milenio BASE
El Instituto Milenio de Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE) es un centro de excelencia científica financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) de Chile, cuyo propósito es estudiar la biodiversidad de los territorios antárticos y subantárticos para evaluar su vulnerabilidad y resiliencia frente al cambio global. Este instituto funciona como una red interdisciplinaria que reúne a destacados investigadores para generar conocimiento de frontera sobre los límites de la vida en ambientes extremos y las amenazas que enfrentan estos ecosistemas estratégicos. En este marco, el Instituto Milenio BASE proporciona el soporte logístico y académico fundamental para desarrollar investigaciones de alto impacto en el territorio antártico, facilitando expediciones científicas y el fortalecimiento de redes de colaboración internacional. La vinculación de Jordán Hernández con el Instituto ha sido fundamental para el avance de su investigación doctoral. En calidad de investigador tesista, su trabajo se centra en analizar los mecanismos adaptativos de especies exóticas en el territorio antártico, aportando evidencia científica crítica para la gestión de la biodiversidad. Estos estudios son esenciales para la toma de decisiones informadas sobre bioseguridad y conservación en la Antártica, un laboratorio natural cuya fragilidad exige protocolos de protección rigurosos frente a las amenazas del cambio global.
¿Qué encontraron los científicos?
La presencia de Psychoda albipennis (Mosca de la humedad) fue confirmada mediante análisis morfológicos y genéticos, los cuales demostraron una alta coincidencia con poblaciones de origen europeo, lo que sugiere una introducción asociada a la actividad humana.
Los estudios revelaron que estas moscas no solo sobreviven en ambientes artificiales, como sistemas de aguas residuales, sino que también han logrado establecerse en hábitats naturales cercanos, demostrando una capacidad de adaptación inesperada a las condiciones extremas de la Antártida.
Las moscas que encendieron la alerta
Las especies de la Trichocera maculipennis (mosca de invierno) y de la Psychoda albipennis (Mosca de la humedad) fueron registradas en zonas cercanas a bases científicas y ambientes con acumulación de materia orgánica en la Antártida marítima. Aunque se trata de insectos diminutos, su presencia representa una amenaza significativa para el equilibrio ecológico del continente.
Durante su etapa larval, estas moscas se alimentan de restos vegetales y materia orgánica en descomposición. Al hacerlo, pueden alterar los ciclos naturales de reciclaje de nutrientes, modificando los hábitats donde viven musgos, algas y microorganismos fundamentales para la vida antártica.
Trichocera maculipennis
Psychoda albipennis
Incluso insectos pequeños pueden generar grandes impactos en ecosistemas extremadamente frágiles como la Antártida
La presencia de estas moscas invasoras demuestra que la Antártida ya no es un territorio intocable. Incluso las acciones humanas con fines científicos requieren mayores medidas de prevención y control.
Desde Colombia, esta investigación resalta el valor del talento científico nacional y el papel de la ciencia como alerta temprana frente a las amenazas ambientales que enfrenta el planeta.
¿Por qué son especies invasoras?
El estatus de especies invasoras de estos dípteros en la Antártida no solo radica en su presencia, sino en su capacidad de romper las barreras biográficas que históricamente protegieron al continente. Estas moscas poseen mecanismos de dispersión sumamente efectivos; pueden ser desplazadas a través de grandes distancias mediante corrientes de viento o, de manera más crítica, ser transportadas involuntariamente por la actividad humana en ropa, suministros o carga logística. Esta facilitación antropogénica permite que alcancen zonas prístinas que, de otro modo, serían inaccesibles para ellas.
La mosca de invierno es particularmente preocupante debido a su preadaptación a climas fríos. Al ser una especie saprófaga (que se alimenta de materia orgánica en descomposición), encuentra en las cercanías de las estaciones científicas y sus sistemas de tratamiento de residuos un nicho ideal para establecerse. Por otro lado, la mosca de la humedad, frecuentemente asociada a infraestructuras humanas, demuestra una notable plasticidad para sobrevivir en microclimas protegidos dentro del entorno antártico.
¿Por qué la Antártida es tan vulnerable?
La Antártida se encuentra actualmente bajo un régimen de estricta vigilancia y protección debido a su condición de territorio extremo y profundamente aislado, lo que ha dado lugar a una biodiversidad limitada y altamente especializada que no se encuentra en ninguna otra parte del planeta. Esta especialización la vuelve excepcionalmente vulnerable, ya que, a diferencia de otros ecosistemas más resilientes, su capacidad de recuperación ante perturbaciones es sumamente baja, provocando que cualquier alteración externa genere impactos profundos, duraderos y, en muchos casos, irreversibles.
Históricamente, el aislamiento geográfico y las condiciones climáticas hostiles funcionaron como una barrera natural infranqueable que protegía al continente de la llegada de especies foráneas. No obstante, en las últimas décadas, el incremento sostenido de la actividad humana —impulsado por las expediciones científicas, la compleja logística internacional y el auge del turismo— ha debilitado estas defensas naturales, elevando drásticamente el riesgo de introducción accidental de organismos ajenos al ecosistema. Por esta razón, la vigilancia científica es fundamental para monitorear cómo estos nuevos agentes biológicos interactúan con un entorno que carece de mecanismos de defensa previos, siendo la protección del territorio la única vía para preservar la integridad de uno de los laboratorios naturales más frágiles y estratégicos del mundo.
El recorrido científico de Jordan Camilo Hernández Martelo en la Antártida es una muestra de cómo la investigación va más allá del descubrimiento y se convierte en un acto de responsabilidad y cuidado ambiental. Al estudiar la presencia de especies invasoras en uno de los ecosistemas más frágiles del planeta, su trabajo permite entender que incluso organismos diminutos pueden generar impactos profundos cuando se alteran los equilibrios naturales.
Este tipo de investigaciones nos ayuda a tomar conciencia de que la protección de la Antártida no depende únicamente de su aislamiento geográfico, sino de las decisiones humanas que se toman antes, durante y después de cada expedición. Identificar a tiempo estas amenazas abre la puerta a mejorar los protocolos de bioseguridad, prevenir daños irreversibles y reforzar una relación más respetuosa con la naturaleza.
El trabajo de Hernández Martelo también evidencia el papel fundamental de la ciencia como herramienta de prevención. Conocer, medir y anticipar los efectos de la actividad humana es clave para cuidar territorios que funcionan como reguladores naturales del planeta. Desde Colombia, esta investigación aporta una mirada comprometida y rigurosa que nos recuerda que el cuidado del ambiente es una tarea colectiva y que la ciencia sigue siendo una aliada indispensable para proteger la vida, incluso en los lugares más extremos y vulnerables de la Tierra.




