La fotoprotección desde la infancia se ha convertido en uno de los pilares más importantes de la prevención en salud pública. La evidencia científica es clara: más del 80 % del daño solar acumulado a lo largo de la vida ocurre antes de los 18 años, una etapa en la que la piel es especialmente vulnerable a la radiación ultravioleta. En un país como Colombia, donde los niveles de radiación UV son elevados durante todo el año, formar hábitos tempranos de protección solar puede marcar una diferencia decisiva en la reducción del cáncer de piel en la adultez.
Con este objetivo, ISDIN, en alianza con la Liga Colombiana Contra el Cáncer, lidera una movilización nacional que busca convertir la fotoprotección en un hábito cotidiano desde la escuela. La iniciativa ya impacta a más de 20.000 estudiantes, docentes y familias en diferentes regiones del país, integrando educación, ciencia y acción comunitaria para que proteger la piel sea tan natural como lavarse las manos o cepillarse los dientes.
La piel infantil tiene memoria. Estudios dermatológicos confirman que la radiación UV genera daños silenciosos en el ADN celular y que cada quemadura solar en la infancia incrementa de forma significativa el riesgo de cáncer de piel en la adultez. Los niños pasan varias horas al aire libre durante recreos, clases de educación física y actividades escolares, mientras su sistema de defensa cutáneo aún está en desarrollo. En Colombia y Latinoamérica, la incidencia de cáncer de piel ha aumentado entre un 15 % y 20 % en zonas de alta radiación, un crecimiento que especialistas asocian, en parte, a la falta de educación temprana en prevención. La Liga Colombiana Contra el Cáncer advierte que se trata de uno de los tipos de cáncer más frecuentes del país y que su avance continúa siendo silencioso.
Desde el ámbito médico, se recomienda el uso de fotoprotectores pediátricos con SPF 50+ a partir de los seis meses de edad, aplicados entre 15 y 30 minutos antes de la exposición solar y reaplicados cada dos o tres horas. En el entorno escolar, uno de los mayores retos es precisamente la re aplicación durante la jornada. Por eso, ISDIN destaca soluciones prácticas como su Fotoprotector Pediatrics Stick SPF 50, diseñado para facilitar una aplicación rápida, resistente al agua y al sudor, sin irritar los ojos ni dejar residuos visibles, permitiendo incluso que los propios niños aprendan a usarlo de forma autónoma.
La falta de hábitos claros sigue siendo uno de los principales problemas en la fotoprotección infantil. Persisten ideas equivocadas como creer que los días nublados no requieren protector, que una sola aplicación es suficiente para toda la jornada o que la sombra elimina el riesgo. La realidad es que la radiación UV está presente todos los días y que la protección debe acompañar actividades cotidianas como caminar al colegio, jugar en el parque, participar en clases al aire libre o disfrutar de vacaciones en piscina y playa.
Con un enfoque integral, la campaña impulsada por ISDIN combina charlas presenciales, talleres con dermatólogos y una plataforma digital educativa para docentes, con contenidos validados científicamente. Esta herramienta ofrece módulos cortos, videos y guías didácticas que permiten integrar la educación solar de manera natural al currículo escolar. El impacto ya es visible: docentes que lideran jornadas semanales de fotoprotección, niños que recuerdan a sus padres la importancia de reaplicar el protector y familias que han incorporado este cuidado como parte de su rutina diaria.
La fotoprotección es un hábito que se aprende temprano y acompaña toda la vida. A través del trabajo conjunto entre escuelas, familias, comunidad científica y organizaciones de salud, esta iniciativa busca generar un cambio cultural duradero, en el que las nuevas generaciones puedan disfrutar del sol de forma segura y consciente. ISDIN reafirma así su compromiso con la salud cutánea infantil y con la construcción de un futuro en el que prevenir sea siempre el primer paso.




