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	<title>gabriel garcia marquez frases &#8211; Canal Trece</title>
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		<title>Gabo, el eterno periodista</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción Canal Trece Colombia]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 09 Feb 2021 11:55:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Gabriel García Márquez es mundialmente conocido por su faceta de novelista por ‘Cien años de soledad’, premio Nobel de literatura, que junto a otras de sus obras, hace parte de un telar llamado Realismo Mágico. Sin embargo, su faceta como periodista merece igual atención, revisión y admiración.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez</strong> es mundialmente conocido por su faceta de <strong>novelista </strong>por &lsquo;<strong>Cien a&ntilde;os de soledad</strong>&rsquo;, <strong>premio Nobel</strong> de <strong>literatura</strong>, que junto a otras de sus <strong>obras</strong>, hace parte de un telar llamado realismo m&aacute;gico. Sin embargo, su faceta como <strong>periodista </strong>merece igual atenci&oacute;n, revisi&oacute;n y admiraci&oacute;n.&nbsp;</p>
<p>&iquest;Qu&eacute; hubiera sido de nosotros si el <strong>periodismo </strong>no hubiera salvado a <strong>Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez</strong> de ser abogado? Probablemente lo hubi&eacute;ramos visto en los <strong>peri&oacute;dicos </strong>de sociales junto a figuras de la <strong>coste&ntilde;idad </strong>m&aacute;s fina, o tal vez se hubiera quedado en un pueblo perdido del <strong>Caribe </strong>para ayudar a quienes lo necesitaran por ese innato deseo de hablar por&nbsp; aquellos a quienes hab&iacute;an cosido sus bocas por una miseria aprendida. Nunca lo sabremos.&nbsp;</p>
<p><strong>Gabo </strong>fue <strong>reportero</strong>, <strong>columnista, cronista</strong>, <strong>corresponsal </strong>internacional y <strong>periodista</strong>. Hoy, 93 a&ntilde;os despu&eacute;s de su nacimiento, celebramos la <strong>terquedad </strong>de un hombre que vio en la <strong>escritura </strong>y en la <strong>cr&oacute;nica </strong>el sendero perfecto para llevar los hechos m&aacute;s cotidianos al mundo de lo maravilloso.&nbsp;&nbsp;</p>
<p>&quot;Soy&nbsp; <strong>periodista</strong>, fundamentalmente. Toda la vida he sido un <strong>periodista</strong>. Mis libros son <strong>libros </strong>de <strong>periodista </strong>aunque se vea poco. Pero esos <strong>libros </strong>tienen una cantidad de <strong>investigaci&oacute;n </strong>y de comprobaci&oacute;n de <strong>datos </strong>y de <strong>rigor hist&oacute;rico</strong>, de fidelidad de los hechos, que en el fondo son grandes <strong>reportajes novelados </strong>o fant&aacute;sticos, pero el m&eacute;todo de <strong>investigaci&oacute;n </strong>y de manejo de la informaci&oacute;n y los hechos es de <strong>periodista</strong>&rdquo;. Entrevista radial concedida a <strong>Dar&iacute;o Arizmendi</strong>. Caracol Radio, Bogot&aacute;, 30 y 3 de mayo de 1991.&nbsp;</p>
<h2>La jirafa</h2>
<p>Si uno se sienta a leer su <strong>columna </strong>en el <strong>diario </strong>&lsquo;El <strong>Heraldo</strong>&rsquo; llamada &lsquo;La <strong>jirafa</strong>&rsquo; que firmaba bajo el <strong>seud&oacute;nimo </strong>de <strong>Septimus</strong>, se encuentra con ojo y una pluma que era capaz de encontrar una historia maravillosa en el hecho aparentemente m&aacute;s cotidiano o <strong>pintoresco </strong>y no contento con ello, hac&iacute;a que sinti&eacute;ramos empat&iacute;a por una <strong>vaca </strong>que se atravesaba en la calle de un pueblo perdido para ocasionar el tranc&oacute;n m&aacute;s grande del que se hubiera tenido memoria en aquel lugar.&nbsp;</p>
<p><em><strong>No era una vaca cualquiera</strong></em></p>
<p><em>&ldquo;Una vaca en el centro de la ciudad es una de las pocas maneras que se han descubierto para anticipar el domingo. En una ciudad donde cada esquina es, desde hace veinticinco a&ntilde;os, un serio problema para el tr&aacute;nsito y cuyos habitantes no tienen otra noticia del campo que la botella de leche que todos los d&iacute;as amanece en la puerta de sus casas, la sola presencia de una vaca en la v&iacute;a p&uacute;blica constituye una alegre y alborotada anticipaci&oacute;n del domingo. La &uacute;ltima semana, en virtud de milagrosa intervenci&oacute;n vacuna, tuvimos un martes reposadamente dominical.</em></p>
<p><em>En medio de los autom&oacute;viles paralizados, de los innumerables transe&uacute;ntes que a esa hora se dirig&iacute;an al trabajo, corridas las cortinas met&aacute;licas de los almacenes y mientras un altavoz anunciaba, a todo volumen, las excelencias de una droga insustituible, se registr&oacute; la peque&ntilde;a conmoci&oacute;n cronol&oacute;gica. Y all&iacute; estaba la vaca, seria, filos&oacute;fica, inm&oacute;vil, como la simb&oacute;lica estatua de un ministro plenipotenciario.</em></p>
<p><em>Gracias al cine y a la propaganda de los productos l&aacute;cteos, los ni&ntilde;os de la ciudad est&aacute;n capacitados para diferenciar una vaca de un tigre. Y hasta de un toro. Por eso cuando el agente de tr&aacute;nsito se acerc&oacute; al animal, f&iacute;sicamente sembrado al pavimento, como un &aacute;rbol de cuatro patas (y cola) y trat&oacute; de persuadirlo por todos los medios conocidos de que prosiguiera la marcha, los chicos se esforzaban en los balcones por evitar que las autoridades echaran a perder el &uacute;nico espect&aacute;culo vivo que se ha ofrecido en muchos a&ntilde;os. Y como la vaca parec&iacute;a estar radicalmente de acuerdo con los ni&ntilde;os, el profundo desprecio con que respondi&oacute; a las sugerencias del agente de tr&aacute;nsito marc&oacute; el principio en una hora de fiesta brava, improvisada, que aplaz&oacute; para el d&iacute;a siguiente la reapertura de las actividades comerciales&rdquo;(&#8230;).</em></p>
<p>Septimus (Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez) Publicada en El Heraldo de Barranquilla, el 3 de abril de 1951.&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" src="/uploads/ck-uploads/2020/03/06/PERIODISMO-GABRIEL-GARCIA-MARQUEZ-OBRA-PREMIO-NOBEL-OBRAS.JPEG" style="width:100%" alt="Gabo, el eterno periodista"></p>
<h2>Cr&oacute;nicas de imaginarias de un Choc&oacute; hu&eacute;rfano</h2>
<p>Despu&eacute;s de que se traslad&oacute; a <strong>Bogot&aacute; </strong>y comenz&oacute; a <strong>trabajar </strong>para el <strong>diario El Espectador </strong>fue comisionado como <strong>cr&iacute;tico </strong>de <strong>cine </strong>y luego <strong>reportero</strong>. Uno de sus <strong>textos </strong>m&aacute;s reconocidos fue una <strong>serie </strong>de <strong>cr&oacute;nicas </strong>sobre una <strong>manifestaci&oacute;n </strong>en el <strong>Choc&oacute; </strong>que se <strong>publicaron </strong>en el <strong>peri&oacute;dico </strong>entre septiembre y octubre de 1954. En ellas narra con versatilidad y justeza las precarias condiciones en las que viv&iacute;an los habitantes de este territorio que m&aacute;s de 70 a&ntilde;os despu&eacute;s, sigue sin padre ni madre que lo abrigue.&nbsp;</p>
<p><strong>Mario Vargas Llosa</strong> cuenta en su <strong>libro </strong>&quot;<strong>Historia de un deicidio&quot; </strong>que <strong>Garc&iacute;a M&aacute;rquez </strong>invent&oacute; la protesta en <strong>Quibd&oacute; </strong>as&iacute; como el <strong>periodista N&eacute;fer Mu&ntilde;oz </strong>en una nota publicada en <strong>BBC</strong>. Aunque <strong>Gabo </strong>fabric&oacute; la <strong>manifestaci&oacute;n</strong>, no as&iacute; el <strong>retrato</strong> del abandono <strong>estatal </strong>que plasm&oacute; en estos cuatro <strong>textos </strong>en los que su genialidad se vio desnuda gracias a la potencia de sus descripciones, la agudeza de sus <strong>comentarios </strong>y la iron&iacute;a de sus p&aacute;rrafos escondida detr&aacute;s del barro y la pobreza.&nbsp;</p>
<p>&ldquo;Tras una odisea de dos d&iacute;as de <strong>viaje </strong>por la <strong>selva</strong>, <strong>Garc&iacute;a M&aacute;rquez </strong>y su <strong>fot&oacute;grafo </strong>llegan por fin a su destino y se llevan una sorpresa: la ciudad de <strong>Quibd&oacute; </strong>est&aacute; en completa calma. El <strong>corresponsal </strong>local de<strong> El Espectador,</strong> Primo Guerrero, hab&iacute;a falseado los hechos que hab&iacute;a informado a la redacci&oacute;n en Bogot&aacute;. Es decir, <strong>Garc&iacute;a M&aacute;rquez </strong>se percata de que la <strong>protesta </strong>por la que hab&iacute;a sido enviado a reportear no existe. Ante este panorama, el joven <strong>periodista </strong>le dice a Guerrero que no quiere regresar a la capital con las manos vac&iacute;as. As&iacute; que se ponen de acuerdo y, &quot;con tambores y sirenas&quot;, ambos convocan y organizan una <strong>protesta </strong>para poder <strong>escribir </strong>la <strong>cr&oacute;nica </strong>y tomar las fotos&rdquo;.</p>
<h2><strong>La aventura de ser un escritor militante en Latinoam&eacute;rica</strong>&nbsp;</h2>
<p>Mucho se ha hablado de &lsquo;<strong>Relato de un n&aacute;ufrago&rsquo;</strong>, <strong>&lsquo;Noticia de un secuestro</strong>&rsquo;, pero poco se habla&nbsp; de su tiempo como <strong>periodista </strong>cubriendo la ca&iacute;da y el ascenso de <strong>dictaduras latinoamericanas </strong>como la ca&iacute;da de <strong>P&eacute;rez Jim&eacute;nez </strong>en Venezuela, la r<strong>evoluci&oacute;n cubana</strong> o el <strong>secuestro </strong>de diputados en la Nicaragua de Somoza. Sus impresionantes <strong>cr&oacute;nicas period&iacute;sticas&nbsp; </strong>contrapuntearon con la publicaci&oacute;n de sus <strong>novelas</strong>.&nbsp;</p>
<p>Sin embargo, hay una en particular que encontr&eacute; entre los <strong>libros viejos </strong>de <strong>pap&aacute; </strong>y que me com&iacute; en tres horas: &lsquo;<strong>La aventura de Miguel Littin clandestino en Chile&rsquo;</strong> estaba lleno de hongos y parec&iacute;a reci&eacute;n salido de la lavadora, pero conservaba intactas sus <strong>letras </strong>como si la editorial de <strong>Gabo</strong>, <strong>Oveja negra,</strong> tuviera un pacto con el tiempo.&nbsp;</p>
<p>En 1986, <strong>Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez</strong> public&oacute; la <strong>historia </strong>de un <strong>exiliado </strong>que decide regresar a su pa&iacute;s disfrazado de <strong>documentalista </strong>durante la dictadura de <strong>Augusto Pinochet</strong>, y un a&ntilde;o despu&eacute;s, el Ministerio del Interior reconoci&oacute; haber quemado 15.000 <strong>copias </strong>de la <strong>primera edici&oacute;n </strong>en Valpara&iacute;so por &oacute;rdenes del mismo <strong>Pinochet</strong>. Y as&iacute;, sacudiendo la <strong>literatura </strong>y a las <strong>dictaduras </strong>del continente, <strong>Gabo </strong>siempre fue fiel a su amor m&aacute;s grande (aparte de Mercedes Barcha): la <strong>escritura</strong>.&nbsp;</p>
<p>Esta semblanza aqu&iacute; plasmada no es otra cosa que un mordisco en la esquina de un planeta inmenso pues no se cuenta su <strong>trabajo </strong>en la <strong>Agencia Prensa Latina</strong>, en las revistas <strong>Venezuela Gr&aacute;fica, Alternativa </strong>y <strong>Cambio</strong>. Sin embargo, consider&eacute; importante hablar de las que m&aacute;s me han movido para, de pronto as&iacute;, antojarte a leer a ese otro <strong>Gabo</strong>, el <strong>periodista </strong>eterno.&nbsp;</p>
<p>Si quieres leer m&aacute;s columnas de Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez de cuando trabajaba en El Heraldo, entra <a href="https://www.eluniversal.com.co/blogs/en-un-2x3/tbt-bernard-shaw-en-letras-de-gabo" target="_blank" rel="noopener nofollow">aqu&iacute;</a>: &nbsp;</p>
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