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Adulto joven

Reportera X

Aún hoy la historia del periodismo de comienzos del siglo XX y los crímenes no resueltos consignados en la memoria colectiva nacional, siguen siendo material de inspiración para propuestas dramatizadas de todo tipo. Reportera X, gran apuesta del Canal Trece para el comienzo de 2019, es un buen ejemplo. Andrés Ospina, creador y co-guionista de la serie, nos cuenta el porqué.

(Por Andrés Ospina)

Difícil desconocer la relevancia del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán como gran interrogante estampado en la memoria de Colombia. Para recordárnoslo, las preguntas acerca del verdadero responsable se replican con múltiples variables y matices, que a su vez suscitan desde las explicaciones más racionalistas y aburridas hasta aquellas de tendencia delirante.

¿Sería acaso el gobierno conservador de entonces? ¿Serían los liberales? ¿Se trataría de un complot comunista soviético? ¿Habrá sido Fidel Castro? ¿Fueron los gringos? ¿Fue, tal vez, una operación encubierta de la CÍA? ¿O pudo ser, más bien, Roa Sierra, por determinación y mano propia? O mejor, y todavía más fantasiosa y especulativamente… ¿existirá en lugar alguno del planeta un documento secreto cuyo contenido pueda contribuir al fin a develar las verdades detrás de dicho crimen?

Reportera X, quién mató a Gaitán

Inspirada en un supuesto hallazgo de ese calibre, Jimena Munévar, joven y apasionada periodista despedida del noticiero para el que trabajaba, decide consagrarse a la resolución del caso en mención, siete décadas después. A medida que avanza, en complicidad con Vicente Perlaza, socio suyo en ese emprendimiento, los hallazgos van apuntando a José Joaquín Ximénez, cronista bogotano de los años 30 y 40, como la ficha indispensable del rompecabezas para dilucidar al fin las realidades detrás del no esclarecido magnicidio. Aunque separados en el plano temporal, los destinos de Ximénez y Jimena van entrecruzándose y conformando un collage de intrigas compartidas, entre la arqueología histórica, las teorías conspirativas, la ficción, y los géneros documental y detectivesco.

Reportera X, quién mató a Gaitán

Reportera X —serie dramatizada de televisión en seis capítulos— entrelaza la cotidianidad de un par de comunicadores novatos del presente con el esplendoroso pasado de la prensa colombiana, simbolizada esta última por el mismísimo Ximénez, personaje real y leyenda de la crónica roja a principios del siglo XX. La historia plantea una suerte de carrera de obstáculos relatada a dos épocas, con el desciframiento de un enigma y el periodismo ‘de aventura’ como principales pretextos.

Reportera X, quién mató a Gaitán

Todo ello soportado en documentos, archivos fílmicos y entrevistas que recogen los cabos sueltos de una de las incógnitas más esquivas en la historia de Latinoamérica y exaltan el legado de una figura singular de la reportería continental. También en señalamientos a las noticias falsas como una costumbre antigua, al lugar de los medios como constructores de verdades, a la historia de Colombia como una eterna paradoja casi nunca advertida por sus protagonistas y a esa frontera que divide apenas simbólicamente hechos y fabulaciones.

El nombrado Ximénez (Bogotá, 1912-1946) fue, en efecto, un periodista excepcional y un novelista aprisionado en la piel de un reportero. Entusiasta como pocos a la hora de ir tras la noticia, osado, ingenioso, dotado de prosa y estilo finos y de humor brillantes, y dispuesto a cuanto fuera por encontrar la verdad, toda su existencia constituye un ejemplo de compromiso con el oficio, aunque, en simultánea, y no menos importante, un misterio por desentrañar.

Jamás reveló su edad. A pesar de ser muy riguroso en el cumplimiento de sus misiones, se permitió inventarse noticias y hasta delincuentes divulgados como verídicos por El Tiempo, diario del que fue empleado durante su breve carrera. Tuvo como informantes a policías y a bribones. Aterrorizó a la capital con criminales que sólo existían en su imaginación. Se habituó a deslizar poemas firmados por un tal Rodrigo de Arce dentro de los bolsillos de cuanto suicida apareciera en Bogotá y a reproducirlos en el periódico. Arriesgó su vida como reportero de guerra. Gastó sus zapatos caminando su urbe natal en pos de la verdad. Y tan pronto supo al mundo contagiado de sus delirios, pereció en circunstancias extrañas, tras cubrir el caso de un taxi despeñado por el Salto de Tequendama.

Reportera X, quién mató a Gaitán

Durante los pasados meses disfruté del privilegio de ver cómo los conceptos arriba expresados —complejos de verbalizar sin extenderse demasiado— evolucionaban de ser un borrador igual de delirante a las crónicas del propio Ximénez, hasta ensamblarse y conformar una obra finalizada y ya casi lista para ser expuesta a los ojos del público. Como testigo nada imparcial de la experiencia, me permito confesar que haber presenciado ese proceso, instancia a instancia, ha sido un gusto.

Contemplar la reencarnación del difunto Ximénez en personaje y compartir la aventura de narrar episodio por episodio las andanzas detectivescas de Jimena y de su compinche es, sin duda, un honor inusual. Ver reconstruidas a la Barrancabermeja y a la Bogotá de otros tiempos, un deleite. Sumar fuerzas en la ejecución de tan ambiciosa empresa con Canal Trece y con Dramax Films, en cabeza del maestro Jorge Alí Triana, un honor. Pero, sobre todo, hacer parte del grupo de creadores que desde diversos abordajes insistimos con fe en apostarle a la televisión pública implica una responsabilidad considerable.

Finalizo con invitación personal, dirigida a quienes ahora lean estas líneas, para que, si así lo desean, acepten seguir durante próximas fechas las correrías de Ximénez y de Jimena a través de Reportera X: ¡su memoria, de seguro, se los agradecerá! Siempre será motivo de celebración el fomento de iniciativas que mediante diálogos entre ficción e historiografía motiven reflexiones sobre el país que habitamos. Con mayor razón cuando el destino nos ha situado en medio de esta línea cronológica indefinible, como puentes vivos entre dos siglos… uno que agoniza y otro que hasta ahora despierta, ávido de nuevos lenguajes y de reinventar, incluso, nuestros más afianzados recuerdos.

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